La conferencia de la GEMN explora la misión en un tiempo de migración

Por Lynette Wilson
Posted May 23, 2016
Panelist shared stories about migration in their local contexts May 20 during the 21st annual Global Episcopal Mission Network. Photo: Julius Ariail

El 20 de mayo, los panelistas compartieron historias sobre la migración en sus contextos locales durante la 21ª. conferencia anual de la Red Global de la Misión Episcopal. Foto de Julius Ariail.

[Episcopal News Service – Ponce, Puerto Rico] ¿Qué significa llevar a cabo la misión de Dios  en un mundo en continuo movimiento? Ese fue el tema propuesto por la 21ª. conferencia anual de la Red Global de la Misión Episcopal [GEMN por su sigla en inglés] que se celebró la semana pasada en Puerto Rico.

Como ciudadanos de EE.UU., los puertorriqueños hace mucho que hicieron el viaje al norte, pero la crisis económica de la isla caribeña que ya se extiende por una década ha acelerado esa tendencia, particularmente en 2014, cuando una cifra récord de 84.000 personas —un promedio de 240 por día— se marchó. En la actualidad viven más puertorriqueños en Estados Unidos que en la isla.

Es un fenómeno que afecta a los puertorriqueños en todos los niveles de la sociedad, dijo el Rdo. Ángel Rivera, sacerdote de la Diócesis de Puerto Rico y miembro de la junta [directiva] de la GEMN, durante la discusión de un panel centrado en “la misión en medio de la migración”.

Como Rivera y otros panelistas sostuvieron, las iglesias han presenciado el efecto de la migración en familias y comunidades.

Sean migrantes económicos en busca de trabajo o refugiados y solicitantes de asilo que huyen de la violencia y de la guerra en sus países o de desastres naturales, cifras récord de personas se encuentran en movimiento en la actualidad. Unos 244 millones de personas —igual a tres cuartas partes de la población de EE.UU.— vive fuera de sus países de origen, un número que incluye 20 millones de refugiados y 59,9 millones de personas desplazadas interiormente, una cifra récord.

Sólo en Colombia, más de 7.000.000 de personas se han visto desplazadas internamente debido a un conflicto armado librado en gran medida por el control de la tierra en el país sudamericano. Otras 350.000 se han convertido en refugiadas.

El gobierno colombiano y los grupos insurgentes han dedicado los últimos cuatro años a negociar un acuerdo de paz, explicó el obispo [episcopal] de Colombia Francisco Duque, quien también habló en el panel.

En el ínterin, la Iglesia ha respondido atendiendo a las necesidades de las personas en el ámbito local y en los países vecinos, como Ecuador, que han aceptado refugiados.

El obispo Julio Holguín, de la Diócesis de la República Dominicana, explicó la situación en su país donde dominicanos de ascendencia haitiana se han visto privados de la ciudadanía, reduciéndoles de este modo a [la condición de] apátridas. Noah Bullock, director ejecutivo de la Fundación Cristosal, describió la presente violencia alimentada por las pandillas en El Salvador y en las vecinas Guatemala y Honduras, una crisis que ha llevado a la gente a huir del triángulo norte de América Central, ya sea a Estados Unidos o a [otros países] de la región. En 2015, 17.500 personas fueron víctimas de muerte violenta en El Salvador y se calcula que unas 500.000 se han visto desplazadas por la violencia. José Bringas Lisara, de la Diócesis de Cuba, describió la más reciente oleada migratoria, como cifras récord de personas que están abandonando la isla ante el temor de que termine la Ley de Ajuste Cubano que ha favorecido a los inmigrantes cubanos desde 1966.

La modernización de Cuba, de su economía en base a “la propiedad privada y las cooperativas”, ha entusiasmado a unos y aterrado a otros, dijo Bringas, añadiendo que los cubanos aún creen en el “sueño americano” y que irse de Cuba para Estados Unidos “resolverá sus problemas”, cuando eso no es el caso. La Iglesia Episcopal de Cuba, dijo él, trabaja para ayudar a las personas a mejorar sus vidas en el nivel comunitario, con la esperanza de que decidan quedarse y hacer su vida en Cuba.

Más de 120 episcopales —entre ellos 20 misioneros jóvenes adultos y adultos— se reunieron en la Universidad Interamericana de Puerto Rico en Ponce para la conferencia del 18 al 20 de mayo. Además de la interconexión, la conferencia anual ofrece talleres para instruirlos y capacitarlos en su obra de misión y una oportunidad de adorar juntos.

Tal como resultó obvio durante el panel del último día, la migración —que es realmente un comodín que se usa para etiquetar a personas en movimiento— tiene un impacto mundial. La Iglesia Episcopal está respondiendo de varios modos a abordar las necesidades de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo.

En Seattle, Washington, por ejemplo, la Misión a los Marinos les ofrece apoyo a marinos mercantes, muchos de los cuales pasan de nueve a 12 meses al año a bordo de barcos de carga, transportando mercancías alrededor del mundo. Estos hombres, dijo Ken Hawkins, director ejecutivo del Centro de Marinos de Seattle, con frecuencia no tienen las visas requeridas para salir de los barcos cuando están atracados en puerto. Mediante una red de más de 400 voluntarios y capellanes, la misión ofrece ayuda, en lo que respecta a tarjetas telefónicas y acceso a la Internet, y a través de consejería emocional y espiritual a los marinos.

La crisis de refugiados sirios ha dado lugar a una mayor conciencia del gran número de refugiados que huye de la guerra, la violencia y la persecución; es una crisis que ha conducido al temor y al pánico, tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos. En Europa, la Iglesia ha respondido proporcionando asistencia directa a los refugiados que viven en campamentos en Francia, y la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo está proporcionándole ayuda a sus asociados en el Oriente Medio.

En el ámbito nacional, la Iglesia Episcopal tiene una larga historia de trabajar con el gobierno de EE.UU. para reasentar refugiados. El Ministerio Episcopal de Migración, el ministerio que se dedica al reasentamiento de refugiados en la Iglesia Episcopal, es una de las nueve agencias que trabajan en asociación con el Departamento de Estado de EE.UU. para acoger y reubicar refugiados en Estados Unidos.

Además de trabajar con 30 [agencias] afiliadas al reasentamiento en 26 diócesis, que ofrecen ayuda directa a los recién llegados, el Ministerio Episcopal de Migración brinda medios a las congregaciones para participar en el reasentamiento de refugiados en sus comunidades, también alienta a los episcopales a unirse a la Red Episcopal de Política Pública y aboga a favor de políticas que protejan los derechos de los refugiados y los solicitantes de asilo.

En tanto las personas que participan en el reasentamiento de refugiados suelen esforzarse por garantizar que el proceso de reasentamiento se mantenga encarrilado, ahora luchan por la supervivencia del programa, dijo Allison Duvall, directora de relaciones y actividades eclesiásticas del EMM, durante una sesión plenaria del 19 de mayo en la que ella y Wendy Johnson, directora de comunicaciones del EMM, ofrecieron un panorama de la crisis de los refugiados, el proceso de reasentamiento y el papel histórico y contemporáneo de la Iglesia Episcopal en el reasentamiento de refugiados.

A lo largo del último año, parcialmente en respuesta al temor generado por el gran número de refugiados sirios, 48 estados han presentado legislaciones que bien prohíben el ingreso de refugiados en sus estados o debilitan el programa de reasentamiento del gobierno de EE.UU.

Uno de los medios esenciales en que los episcopales pueden llegar a influir en los asuntos de migración y reasentamiento de refugiados, dijo Johnson durante la plenaria, es a través de la participación en el proceso democrático.

De los 20 millones de refugiados de todo el mundo, menos de un 1 por ciento serán reasentados; además, Estados Unidos reasienta a más refugiados que cualquier otro país en el mundo. La respuesta de la Iglesia no sólo se arraiga en [la enseñanza de] la acogida al extranjero, sino en el Pacto Bautismal.

La semana pasada, la Red Episcopal de Política Pública publicó un Manual de Recursos para Participar en la Elección que ofrece medios a las congregaciones e individuos de que participen en el proceso electoral “fiel, responsable y legalmente”. Este manual afirma esa participación en la promesa del Pacto Bautismal de “luchar por la justicia y por la paz y respetar la dignidad de todo ser humano”.

Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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