Con los presos y sus familias en la Navidad

Por Pat McCaughan
Posted Dec 25, 2013
Unos niños hacen coronas como parte de la fiesta anual de Navidad que les brinda New Hope Oklahoma Foto de la Rda. Judy Gann.

Unos niños hacen coronas como parte de la fiesta anual de Navidad que les brinda New Hope Oklahoma Foto de la Rda. Judy Gann.

[Episcopal News Service] Esta es la estación para alegrarse en la fiesta de Navidad de New Hope Oklahoma, el 21 de diciembre, a la que asistieron cientos de niños que tienen padres en la cárcel y que tuvo lugar en la iglesia episcopal de La Trinidad [Trinity Episcopal Church] en Tulsa.

Michelle Young empezó a asistir a los programas extraescolares de la agencia —y también a sus fiestas de Navidad— en séptimo grado, cuando alguien le contó acerca de New Hope Oklahoma. La agencia fue fundada por la Diócesis Episcopal de Oklahoma hace unos 20 años para ayudar a niños que tienen al menos uno de sus padres en prisión.

“Muchísima gente me dijo que yo terminaría igual que mi papá, entrando y saliendo de la cárcel continuamente. Pero con New Hope, te dicen, te muestran, un camino diferente. Puedas permanecer en la escuela y educarte”, dijo Young, de 19 años, que es alumna de primer año de la Universidad del Estado de Oklahoma, y quien sirve de voluntaria en eventos como la próxima fiesta de Navidad.

“Es muy divertido. Hay diferentes actividades. Uno puede crear su propio reno y sus propios regalos. Hay juguetes y presentes y comida.  Es bastante agitado, pero divertidísimo. A los niños les encanta”.

La directora ejecutiva, Lindsay Fry-Geier, dijo que New Hope se empeña en ser algo más que “una mera agencia. Vemos a nuestros niños todos los días de la semana. Queremos ser la coherencia de sus vidas cuando tanto en sus vidas es incoherente.

Oklahoma tiene la mayor tasa de mujeres encarceladas de la nación y el tercer lugar entre los hombres; New Hope Oklahoma se fundó en respuesta a la preocupación por los niños que se quedaban detrás, dijo Fry-Geier.

La agencia apareció recientemente en el programa Today Show de NBC, que se unió a Walmart para proporcionarles regalos de Navidad a cientos de niños, una oportunidad que Fry-Geier espera “le dará voz a… esos niños que han sido olvidados por tantos, especialmente en torno a estas fiestas en que les echan de menos a sus padres”.

New Hope no está sola; congregaciones y ministerios a través de la Iglesia Episcopal se han asociado con agencias tales como Angel Tree, y otras organizaciones para ofrecerles regalos a los presos y sus familias. Angel Tree estima que 2,75 millones de niños tienen uno de sus padres en prisión y espera ofrecer 425.000 regalos este año.

Llegar a los presos ‘pabellón por pabellón’
Para Beverly Duncan de la iglesia episcopal El Buen Pastor [Good Shepherd Episcopal Church] en Acton, Massachusetts, empacar bolsas de regalos de Navidad para los presos de los centros correccionales locales puede asemejarse bastante a una producción.

“Imagínese 1.700 barras de jabón Irish Spring y el espacio que ocupan, dice ella riendo durante una reciente entrevista telefónica con ENS. “A veces creo que no querría volver a oler otra barra de Irish Spring en mi vida”.

Además del jabón, las bolsas de regalo incluyen otros artículos de uso personal: pasta de dientes, champú, desodorante, calcetines, papel de cartas, sobres y una tarjeta de Navidad “firmada por alguien con una nota. Muchas de las tarjetas son hechas por los niños de las escuelas dominicales de la localidad”, agregó ella.

Todo comenzó cuando El Buen Pastor se asoció con Concord Prison Outreach, una coalición de comunidades religiosas de la localidad que, según Duncan, “quiere ayudar a los reclusos de hoy a convertirse en los buenos vecinos de mañana”.

La recaudación de fondos y las compras prosigue el año entero para las bolsas de regalos y el Departamento de Centros Correccionales publica directrices [para informar] sobre los artículos que son aceptables, explicó ella. “Somos obsesivos con los detalles respecto a estas cosas e importunamos a las autoridades carcelarias con preguntas como [por ejemplo] ¿cuán grande o pequeño tiene que ser este tubo de pasta?, agregó.

Más enriquecedora es la oportunidad de distribuir las bolsas a los reclusos mismos.

“Entramos en la Institución Correccional de Massachusetts y los reclusos van bajando por pabellones”, explicó Duncan, de 79 años. “Los revisan a la entrada y salida del gimnasio y les entregamos… [las bolsas de regalo] a cada recluso, y les damos la mano. Él tiene que recorrer los seis o siete voluntarios. Queremos estrechar todas las manos.

Las reacciones son diversas: “Algunos no nos miran a los ojos; algunos bailan en la cola. Un hombre dijo que era el primer presente de Navidad que había recibido en su vida”.

Pero ella agregó que [los presos] son “enormemente agradecidos. Siguen llegando, pabellón por pabellón. Es algo espantoso. Se trata de una sola prisión en un solo estado y tenemos tanta energía y talento tras las rejas”, dijo Duncan.

“En parte responde a la necesidad, pero no en la medida que debiera, y el talento [que está encerrado] en esos edificios es increíble y la falta de educación también es increíble”.

Ella recibe unas 60 cartas de agradecimiento cada año de los presos. “Un hombre decía que cuando regresó a su celda, el desempacar sus regalos lo llevó a él y a su compañero de celda a hablar acerca del verdadero significado de la Navidad.

“Algunas de las cartas son prácticamente [de] analfabetos. Todas te dan las gracias por los artículos, pero la mayoría por ser recordados, por no convertirse en seres olvidados tan sólo por estar en prisión”.

Jermain Billinger ha sido uno de los destinatarios de esas bolsas de regalo.

A los 33 años, él ha pasado casi la mitad de su vida en lugares como Attica, Sing Sing y otras prisiones estatales de Nueva York.

“Me metí en problemas desde que tenía unos 13 años, esa fue la primera vez que me arrestaron”, dijo el hombre de voz suave y padre de dos hijos durante una reciente entrevista por teléfono con ENS. “Me arrestaron 15 veces entre los 13 y los 15 años”, añadió Billinger, que vino a conocer a su hijo de tres años hace unos pocos meses, después de salir de la prisión.

Si estar encarcelado ya resulta bastante difícil, están en prisión durante las fiestas de Navidad es peor. Su madre murió cuando él estaba preso; a su novia “le dieron un tiro en el pecho y yo no estaba allí. Te sientes tan impotente, tan débil. Yo no me di cuenta lo deprimentes que pueden ser estos días hasta después de que mi madre falleció.

“Cuando era más joven, era muy duro”, afirmó él. “Usted sabe, estaba lejos de mis seres queridos y resultaba doloroso. Me hice insensible. Bloquee ese sentimiento de alguna manera, lo puse bajo siete llaves.

“Uno se deprime allá dentro”, agregó. Uno se deprime tanto que ni siquiera sabe que está deprimido. Ya sea que te hayan encontrado culpable o que hayas llegado a un acuerdo [con la fiscalía], está toda esta ansiedad, intentas lidiar con la aceptación de lo que está pasando y, en tanto tratas de procesar eso, la ansiedad nunca te deja, o el vacío, o la soledad, por [la ausencia] de tus seres queridos”.

Recién liberado, ya está trabajando y ansioso de empezar de nuevo y de marcar un cambio.

“Me di cuenta de que basta ya”, dijo. “Los problemas que le he causado a mi familia… Veo el modo en que eso ha afectado a mis seres queridos. No quiero volver a hacerlo”.

Actualmente, se concentra en cambiar su vida, en ayudar a otros, especialmente a los que dejó atrás.

Junto con el Rdo. Petero Sabune y la iglesia episcopal de los Santos Juan, Pablo y Clemente [Episcopal Church of Saints John, Paul and Clement] en Mount Vernon, se ha hecho partícipe de los esfuerzos de Toys for Joys, una agencia sin fines de lucro que ayuda a proporcionarles regalos de Navidad a niños desfavorecidos.

“Primero, encontramos lo que los niños quieren, como una petición secreta a Santa Claus”, explicó Billinger. “Luego conseguimos los regalos y se los enviamos a los niños como si procedieran de sus padres”.

Él mira hacia el pasado con remordimiento, pero hacia delante con entusiasmo, disfrutando lo que él llama los verdaderos regalos y el significado de la estación: paz, gratitud, gozo, libertad, esperanza.

Al presente, acepta llamadas de presos con cobro revertido y les ofrece apoyo, y añade: “quiero retribuir tanto como pueda y llegar a aquellos que son menos afortunados”.

¿Y sus deseos de Navidad? “No te olvides de tu hermano que está encarcelado”, respondió. “Hay allí algunos hombres inocentes y algunas personas que cometieron errores cuando eran niños; ahora son adultos y siguen sufriendo. Nadie es malo del todo; las personas sí cambian. Querría que el mundo le diera una segunda oportunidad a alguien que al menos está intentando cambiar”.

En Tulsa, dijo Lindsay Fry-Geier, New Hope Oklahoma sirve, durante todo el año, a más de 400 niños a través de campamentos de verano, programas extraescolares, reuniones regulares de familias y otros eventos, tales como la fiesta de Navidad del 21 de diciembre.

“También hacemos retiros y tenemos un terapeuta en el equipo que se ocupa de las evaluaciones de casos para las familias. Tienen tantas necesidades. No podemos atender todas las necesidades de todas las familias, pero podemos colaborar activamente con ellas y conocer sus necesidades e intentar cubrir sus carencias”.

La agencia ofrece ayuda con clases particulares, grupos de apoyo y otros programas de carácter comunitario, brindándoles transporte a los niños de unas 20 escuelas de la zona hasta la iglesia de La Trinidad para sus programas extraescolares y auspiciando agrupaciones escolares en otros siete planteles.

“La Trinidad es una parroquia grande y bella y hemos llegado a llenar todas las salas, todas las aulas, los salones de conferencia. Funcionamos de 5 a 7 PM”, explicó ella. “Los niños vienen y trabajan unos con otros y luchan juntos; tenemos también un grupo de apoyo para los cuidadores. En verdad, nuestra esperanza es que esto forme una comunidad”.

“Todo nuestro personal del verano este año estuvo compuesto de estudiantes universitarios que estuvieron en el programa y que se habían graduado y que eran los primeros de sus familias en asistir a la universidad”, agregó. Es algo tan hermoso. Algunos de nuestros estudiantes de secundaria dirán que les encanta asistir al campamento y a los programas y se fijan en los chicos mayores y saben que ellos van a lograrlo. Es algo impactante para nuestros niños”.

Michelle Young estuvo de acuerdo. “New Hope ha significado muchísimo para mí”, afirmó. “Traen a montones de personas y uno espera que no sepan tu nombre, pero sí lo saben. Saben el nombre de todos y cada uno de los niños que asiste a su programa. No eres una cifra. Eres una persona real”.

–La Rda. Pat McCaughan es una corresponsal de Episcopal News Service radicada en Los Ángeles. Traducción de Vicente Echerri.


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