El Obispo Primado visita congregaciones de Houston y ofrece apoyo en medio de las secuelas del huracán Harvey

Por Carol Barnwell
Posted Feb 2, 2018
Curry Parker

El Obispo primado Michael Curry conversa con el Rdo. Andy Parker, rector de la iglesia episcopal Emanuel en Houston occidental, una iglesia que sufrió grandes daños al paso del huracán Harvey. Foto de Carol Barnwell

[Diócesis Episcopal de Texas] Durante la visita del obispo primado Michael Curry a la Diócesis de Texas los días 30 y 31 de enero, el clero y los miembros de la Iglesia compartieron historias de la épica inundación que trajo consigo el huracán  Harvey.

En algunos lugares, Harvey dejó caer más de 127 centímetros de lluvia durante cuatro días a finales de agosto, y su impacto se dejó sentir a través de 41 condados con medio millón de viviendas afectadas y daños que se calculan en más de $190.000 millones.

La tormenta que causó esa inundación histórica parecía difícil de imaginar esta semana en Houston en que un cielo despejado y temperaturas suaves recibían al Obispo Primado y a su equipo. Curry estaba acompañado por Sharon Jones, su coordinadora ejecutiva; Abigail Nelson, vicepresidente de programas del Fondo Episcopal de Ayuda y Desarrollo y Geoffrey Smith, director de operaciones de la Iglesia Episcopal.

Una vez que retiraron los escombros, las cosas pueden parecer bastante normales, hasta que uno entra en la nave de una iglesia, y mira a través de los travesaños, aulas, oficinas y el salón parroquial que se encuentra más allá y tiene que andar con cuidado para no tropezar con los grandes pernos que sobresalen en el desnudo piso de concreto que alguna vez sostuvieron la baranda del altar. Cinco meses después del Harvey, en muchas iglesias y en miles de casas se sigue percibiendo el hedor de las aguas pútridas que dejó la inundación y el moho sigue buscando un asidero.

La Fundación Episcopal para la Salud [Episcopal Health Foundation] tomó  la pronta decisión de destinar sus recursos a la investigación, le dijo a Curry la presidente y directora ejecutiva Elena Marks en una sesión informativa en la mañana del 30 de enero. La Fundación para la Salud se asoció con la Fundación Kaiser para supervisar la zona afectada y localizar el impacto de la tormenta a fin de mostrar dónde se concentraban los daños y quiénes eran los más afectados.

“No se trata sólo de investigación y mapas”, enfatizó Marks. “Queríamos captar a las comunidades y estamos haciéndoles presentaciones a grupos que realizan labores de socorro con la esperanza de que utilizarán los datos para establecer sus prioridades”.  Los mapas y la investigación resultantes ya han sido consultados más de 30.000 veces.

La investigación revela algunas cosas que merecen mirarse más de cerca. Shao-Chee Sim, vicepresidente de investigación aplicada en la Fundación Episcopal para la Salud, contó que de las 900.000 solicitudes de ayuda que le han presentado a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA por su sigla en inglés) la tasa de aprobación para los propietarios de viviendas fue de un 45 por ciento, mientras era del 36 por ciento para los inquilinos. En la lujosa zona Memorial del oeste de Houston, el 66 por ciento de las 2000 solicitudes que se presentaron habían sido aprobadas.

Andy Doyle, el obispo de la Diócesis de Texas, dijo que los datos ayudarán a los episcopales y otras personas a proporcionar un diferente tipo de respuesta al desastre. “Queremos aprovechar la investigación para ayudar a los más vulnerables, para tener un efecto a largo plazo dentro de estas comunidades”, señaló.

Al este de Houston, la zona de Beaumont, Orange y Port Arthur —conocida como el Triángulo de Oro — recibió más de 150 centímetros de lluvia durante el Harvey.

Curry escuchó el relato del Keith Giblin, juez federal y sacerdote episcopal bivocacional, que atiende a San Pablo [St. Paul`s] en Orange, donde el 86 por ciento de las casas quedaron dañadas. Aislado de su congregación durante la tormenta, Giblin navegó en su bote de aluminio por las zanjas de drenaje de Beaumont para rescatar a personas. Él fue uno de los miles de ciudadanos que estuvieron entre los primeros en acudir para dedicar días y noches a buscar a personas atrapadas en ocasiones con el agua al cuello.

“Teníamos que arrastrar los botes en algunos lugares debido a que el agua tenía apenas 33 centímetros de profundidad, y a veces más de un metro”, dijo Giblin. Los autos sumergidos, los enjambres flotantes de hormigas rojas, los cables derribados de la electricidad y las serpientes acuáticas asediaban a los que utilizábamos botes, kayaks y flotadores para rescatar víctimas.

Luego del “caos absoluto” de la inundación, siguió diciendo Giblin, San Pablo, que tenía agua en la iglesia, el salón parroquial y las oficinas, celebró oficios en el patio durante más de un mes. “El servir juntos [durante este desastre] nos acercaría más a todos”, afirmó. “Eso es lo que hacemos, ayudarnos unos a otros”.

Otras iglesias episcopales en Beaumont se convirtieron en centros de distribución de agua y útiles de limpieza. El Rdo. Tony Clark, rector de San Marcos  [St. Mark’s] dijo que después de chequear con la congregación y de ofrecer socorro inmediato a los necesitados, su junta parroquial puso el gimnasio al servicio de la comunidad. “ Éramos un almacén, un hotel y un estacionamiento”, dijo. “ La tienda de segunda mano proporcionó paquetes de socorro. Almacenábamos suministros y albergamos a 75 voluntarios de la Cruz Roja durante varias semanas para que no se fueran a un albergue público”.

El Rdo. Stephen Balke rector de San Esteban [St. Stephen’s] le agradeció a Curry el vídeo que él grabó después de la tormenta para ofrecerles [a las víctimas] oraciones y apoyo. “Nos reunimos para adorar y pusimos su vídeo. No puedo decirle cuánto eso nos reanimó el espíritu”.

La congregación ayudó a más de dos docenas de feligreses cuyas casas se inundaron, y cocinaron para toda la comunidad durante semanas.

“Paramos de contar cuando llegamos a servir a 4.000 personas”, dijo Balke. “Cada vez que nuestros suministros escaseaban, se aparecía otro camión. Fue una gran bendición decir ‘sí’, cuando las personas necesitaban ayuda”.

La Rda. Lacy Largent, a cargo de los equipos de auxilios espirituales, enfatizó que el apoyo que llegó de otras partes fue decisivo. Ella puso el ejemplo de Kate Hello, maestra en Lamay, Misurí, que le envió cartas de sus alumnos.

“Le di una carta a un hombre para que la leyera y se echó a llorar”, dijo Largent. “Me excusé por haberlo perturbado, pero él me dijo. ‘No! Usted me ayudó a llorar. Voy a buscarle a mi esposa, para que usted la ayude a llorar”.

Si bien el trauma de la situación que siguió a las inundaciones puede calar hondo, para muchos se ha acentuado con el paso de los meses. “Nadie tenía seguros contra inundaciones”, dijo Giblin. “Esto nunca había sucedido antes y ahora tenemos ancianos que no pueden recuperarse económicamente. Están usando sus cheque de la Seguridad Social para compras planchas de cartón yeso”.

La Rda. Pat Richie, diácona de San Esteban, dijo que ella está viendo más traumas familiares ahora. La gente —especialmente niños— están experimentando alguna especie de choque postraumático. “Ahora cuando llueve, los niños quieren saber si Harvey va a volver. Es una herida que sigue abierta”.

El proceso de reconstrucción se compara a una maratón más bien que a una carrera corta, y Curry afirmó el apoyo de la Iglesia Episcopal a largo plazo. “Somos corredores de largas distancias”, afirmó.

Durante una escala en La Trinidad [Trinity], en Baytown, el Obispo Primado escuchó testimonios del guardián mayor Robert Jordan y de una pareja que él rescató.

“Estuve durante cinco días en el agua en tareas de búsqueda y rescate”. Dio la casualidad que él estaba cerca del hogar donde habían vivido los miembros de la iglesia Duane y Lois Luallin durante 40 años, cuando se enteró de que la pareja de ancianos necesitaba ayuda.

Duane se había caído y era incapaz de levantarse, y los servicios de emergencia estaban sobrecargados. Jordan llegó en cinco minutos y transportó a los Luallin a un sitio seguro. Los llevó a su casa donde se secaron y les dio de comer y donde se quedaron durante casi un mes hasta que se mudaron a un apartamento.

“¿Cree usted que el Señor nos abandonó? No, él estaba allí con nosotros”, dijo Luallin. “La gente trajo cajas, cosas empacadas, y se llevó las nuestras para enviarlas a la lavandería y a la tintorería. No hubiéramos podido hacer todo por nuestra cuenta”.

Lois Luallin

Lois Luallin, a la izquierda, le cuenta a  Curry como ella y su marido, Duane, fueron rescatados por Robert Jordan, guardián mayor de la iglesia de La Trinidad, en Baytown, mientras las aguas del huracán Harvey inundaban su casa de 40 años. Foto de Carol Barnwell.

La iglesia de La Trinidad también le sirvió desayuno a los primeros intervinientes y le brindó alimento a toda hora a cualquiera que estuviera hambriento.

“Obispo Curry, puede sentirse alentado de que el Movimiento de Jesús está vivo en La Trinidad”, le dijo la Rda. Micki Ríos, diácona de esa iglesia.

Durante su visita a Texas, Curry y su equipo también se reunieron con clérigos hispanos de la iglesia episcopal de San Mateo en el suroeste de Houston.

El Rdo. Janssen Gutiérrez, rector de San Mateo, acababa de empezar su nuevo trabajo cuando Harvey derribó cuatro de los seis edificios del campus. La congregación de 300 a 400 feligreses estuvo congregándose en tiendas de campaña durante dos meses y actualmente ha visto acrecido su número, dijo Gutiérrez.

Photoop

Andy Doyle, obispo de la  Diócesis de Texas, a la derecha, observa mientras algunas personas toman fotos con sus celulares del obispo Curry que posa con miembros de la iglesia episcopal de San Mateo. Foto de Carol Barnwell

El Rdo. Pedro López, vicario de la iglesia de San Pedro, en el sureste de Houston, contó que los vecinos ayudaban a los vecinos. “Nos convertimos en distribuidores de alimentos durante casi dos meses”, dijo.  “La iglesia fue fundamental en ayudar a las personas a encontrar lo que necesitaban. Acudieron millares de personas”.

Curry les agradeció a los miembros de la iglesia que hubieran preparado, la segunda mañana de la visita, un abundante desayuno con pupusas,  hojuelas de plátano y frijoles colorados hechos en casa.

Él les recordó que Jesús siempre alimentaba a la gente antes de enseñarles.

“Durante los momentos de prueba, cuando la Iglesia está abierta para ofrecer apoyo, esa es la alimentación de la gente”, dijo. Cuando ayudan a las personas a arreglar sus autos para que puedan ir a trabajar, eso es alimentar a la gente. Gracias por lo que han hecho. Quiero ofrecerles el amor, el afecto y las oraciones de nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia Episcopal. Ellos están prestos a unirse a ustedes en el trabajo de la reconstrucción”.

Curry también visitó la iglesia episcopal de Santo Tomás [St. Thomas] en el suroeste de Houston donde el grupo fue amenizado brevemente por varios estudiantes que tocaban gaitas en el patio. La iglesia y la escuela de 600 estudiantes resultó seriamente afectada por las inundaciones por tercera vez en dos años. A resulta de lo cual gran parte de la escuela tiene que ser reconstruida.

El grupo concluyó su recorrido de la zonas afectadas en la iglesia Emanuel [Emmanuel Church], donde fueron recibidos por el rector, Rdo. Andy Parker. El edificio de Emanuel está desnudo luego de que el campus se inundara cuando dejaron salir el agua de los depósitos de reserva en los días siguientes al Harvey. Han removido todo hasta las bases, y también deben reemplazar el revestimiento externo.

Emmanuel blessing

Miembros del equipo del obispo primado Michael Curry, personal de la Diócesis de Texas y miembros de la iglesia Emanuel y del templo Sinaí se reúnen para orar al término de la visita pastoral del Obispo Primado a las áreas afectadas por el Harvey. Foto de Carol Barnwell.

La congregación de Emanuel sigue reuniéndose en el vecino templo Sinaí [una sinagoga] donde no pasa inadvertida la sacralidad de colocar el altar temporal encima de la plataforma desde donde se lee la Torá.

“Ha sido una bendición cada semana¨, dijo la rabina Annie Belford, aunque ella reconoce que algunos de los miembros de su congregación se sorprendieron de tener una cruz en su santuario. “La colaboración cariñosa es increíble. Es lo que hacemos por nuestros prójimos”.

Belford Parker Curry

La rabina Annie Belford del templo Sinaí, a la izquierda, y el Rdo. Andy Parker, rector de la iglesia episcopal Emanuel en Houston posan con el Obispo Primado durante una visita de Curry a Emanuel. Belford se puso en contacto con Parker inmediatamente después de que Emanuel se inundó  —luego que vaciaran los depósitos de agua de Houston en agosto pasado— para ofrecer un espacio de culto en el templo Sinaí.  Foto de Carol Barnwell.

Esa bendición fluye en ambos sentidos, explicó Belford. “En el curso de todo esto, a mi madre le diagnosticaron cáncer y las mujeres de Emanuel le hicieron una manta de retazos de manera que ella duerme todas las noches arropada por las oraciones de la iglesia Emanuel”.

El Obispo Primado le preguntó a todas las personas con quienes se reunió lo que querían decirles a sus hermanos episcopales, Para una persona, todo el mundo reconocía que recibir oraciones y apoyo de los demás les había dado impulsos para proseguir.

Lance Ferguson, recién electo guardián mayor en Emanuel, dijo, “hemos tenido ayuda de todas partes del mundo. No lo logramos solos, y eso les ha abierto los ojos a la gente aquí. Uno puede sobreponerse a cualquier cosa si sabe que cuenta con apoyo”, afirmó.

Algunas encuestas hechas por el Fondo Episcopal de Ayuda y Desarrollo después de Harvey mostraban que en sólo unos pocos meses, y con el apoyo económico y los suministros enviados por episcopales de todo el país y del mundo, la Iglesia Episcopal en la Diócesis de Texas ha prestado servicios a más de 90.000 personas afectadas por la tormenta.

“Nos alzamos sobres vuestros hombros”, dijo Richie, el diácono de San Esteban. “Es el vigor de toda la Iglesia el que ha hecho posible la labor que se ha realizado aquí”.

Curry alentó al grupo que se reunió para adorar en Emanuel. “Ustedes, nosotros, no estamos solos, aunque a veces lo sintamos así”, dijo Curry. “Somos hechos para Dios y los unos para los otros, e incluso en medio del infierno puede haber atisbos de cielo cuando no estamos solos”, expresó. resaltando las muchas veces que los vecinos han acudido en ayuda de sus  vecinos durante las inundaciones del Harvey y después.

Yendo más lejos, la misión de la Iglesia se orientará hacia la restauración y la reconstrucción, y eso exigirá mucho apoyo, de las iglesias episcopales de la Diócesis de Texas y de más allá. Al Rdo. Stacy Stringer lo han nombrado director de recuperación del huracán para supervisar los centros regionales en las zonas afectadas que ayudarán a coordinar los empeños de reconstrucción que se calcula que tomen de dos a tres años.

“Estamos muy agradecidos de la visita pastoral del obispo Curry y de sus garantías de oraciones y apoyo continuos de la Iglesia de que él fue portador”, dijo Doyle. “Nosotros también seguimos orando por nuestros hermanos y hermanas que se han visto afectados por huracanes, incendios y deslaves. Es en momentos como estos que nuestra comunidad de creyentes resplandece”.

– Carol Barnwell es directora de comunicaciones de la Diócesis Episcopal de Texas. Traducción de Vicente Echerri.


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