Un documental traza el retorno de artefactos tribales a la reserva de Río del Viento

La Diócesis Episcopal de Wyoming abre su colección a los shoshoníes del este y los arapahoes del norte.

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Jan 12, 2017

Jordan Dresser sostiene una fotografía de Edith May Adams, diácona que vivió en la reserva de Río del Viento hace décadas. Adams compró e intercambió objetos culturales de los indios que precisaban de alimento y otros artículos de primera necesidad. Ella posteriormente hizo posible que la Diócesis de Wyoming salvaguardara su colección para las tribus de la reserva. Fotograma de What Was Ours.

[Episcopal News Service] Parte del legado de la historia de la Iglesia Episcopal en la reserva de Río del Viento [Wind River] en Wyoming se entrecruza con el problema de la propiedad de artefactos culturales de las tribus tal como se muestra en un nuevo documental.

Lo que era nuestro [What Was Ours] sigue la trayectoria de Jordan Dresser, un joven periodista arapaho del norte que regresó a la reserva sudoriental del Parque Nacional de Yellowstone luego de graduarse de la universidad. Dresser consiguió un empleo en el Casino de Río del Viento donde le pidieron que creara un museo tribal. Sin embargo, él encontró que los miembros de las tribus de los shoshoníes del este y de los arapahoes del norte ya no poseían muchos objetos sagrados de su pasado.

El documental, dirigido por Mat Hames, se estrenó el 16 de enero en el programa “Independent Lens” de PBS de las 10 a las 11 P.M. hora del Este.

Philbert McLeod, uno de los ancianos de los shoshoníes del este, huele el cuero de un tambor en el Museo Field de Chicago, Illinois, fotograma de What Was Ours.

Mikala SunRhodes, una estudiante de secundaria de los arapahoes del norte y princesa de la asamblea [powwow], y Philbert McLeod, un anciano shoshoní oriental, cuya última salida de la reserva sería cuando fue a combatir en Vietnam, viaja con Dresser en sentido real y figurado mientras buscan sus artefactos culturales.

El objetivo del proyecto era, en palabras de Dresser, “ser capaces de contar nuestra historia de la manera que queremos contarla”.

Parte de su viaje les llevó a 241 kilómetros de la reserva hasta las oficinas de la Diócesis de Wyoming en Casper, donde vieron artefactos que integran la Colección de Edith May Adams.

Trabajadores del Experience Room en el Casino de Río del Viento desempacan un vestido proveniente de la colección de Edith May Adams. Fotograma de What Was Ours

Adams, diácona de la Iglesia, vivió en la reserva de Río del Viento hace décadas y compró artículos de miembros de la tribu necesitados de dinero. Ella especificó en su testamento que los artefactos se le entregaran a la iglesia para que los salvaguardara para las tribus y aportó una cantidad de dinero sustancial para el mantenimiento de casi 200 objetos a discreción del obispo diocesano.

El hecho de que ella quisiera hacer los objetos accesibles a las tribus es “algo sencillo y grandioso”, dice Dresser. Adams puede no haber sabido a quién acudir o dónde ir para alcanzar sus objetivos, añadió él, “luego se dirigió a la organización en la que confiaba, que era su fe episcopal”.

“En gran medida, le estoy agradecido de que lo haya hecho, porque quién sabe donde podían haber ido a parar”.

Dos parfleches [recipientes de cuero] de la colección de Edith May Adams de la Diócesis de Wyoming que se muestran en el Casino de Río del viento. Fotograma de What Was Ours

Valerse de un casino para lograr ese acceso no era una opción clara. John Smylie, el obispo de Wyoming dice en la película que, al principio, él dudaba de prestar los objetos para el proyecto. Reconociendo que su primera reacción “no fue muy positiva”. Dijo que creyó que había “Problemas morales y éticos” en exhibir los objetos en un lugar donde las personas podrían estar enfrentándose a la adicción del juego. “Quería estar seguro de que estábamos haciendo lo correcto”, dijo él.

Smylie no fue el único. El obispo vino a la misión episcopal de San Miguel [St. Michael’s Episcopal Mission] en Ethete, en la reserva de Fío del Viento y dijo que no le prestaría al casino ninguno de los objetos sin la aprobación de la congregación arapaho del norte. “La primera reacción a que los artefactos fuesen al casino fue ‘no’”, dice Aaron Friday, miembro de Sn Miguel. “Los ancianos nos dijeron ‘No, no los queremos allí. Ese no es su lugar’”.

Miembros de ambas tribus tenían recelos —algunos de ellos culturales— de exhibir tales objetos en cualquier parte. Les preocupaba el poder de los objetos y si algunos provenían de sitios de enterramiento o simplemente si habían pertenecido a personas que ya estaban muertas.

“Tienes que pasar por toda clase de rituales para estas cosas antes de que incluso puedas tocarlas”, advierte una mujer shoshoní, una anciana tribal, durante una discusión sobre la exposición propuesta. “De otro modo la tribu podría lastimarse”.

Luego de pensarlo mucho, la diócesis convino en prestar los objetos de la colección para que se expusiera en el Experience Room del Casino de Río del Viento en Fort Washakie, en el lado shoshoní de la reserva. El casino es uno de los cuatro con que cuenta la reserva y los cuatro son los únicos casinos de Wyoming.

La decisión de acercarse a la diócesis fue en parte oportuna y en parte estratégica. La colección estaba cerca, dice Dresser, y llegar a un acuerdo podría mostrar a grandes museos en otros lugares que las tribus podían cuidar de los artefactos.

El Museo Field de Chicago, Illinois, fue uno de esos museos. Dresser, McLeod, SunRhodes y otros miembros tribales viajaron allí después de enterarse que el museo atesoraba muchos artefactos culturales de las dos tribus comprados a miembros de éstas a principios del siglo XX.

Aunque un funcionario del museo ofrece en la película ayudar a las tribus a discutir abiertamente la repatriación de los objetos, Dresser dice que la visita fue agridulce. “Fuimos allí a ver las piezas nuestras, pero tuvimos que dejarlas allí”, dice él.

El documental aborda también el porqué Adams y los conservadores [de las colecciones] del Field pudieron adquirir tales artefactos. Dresser dice que el final del siglo XIX y los primeros años del XX, fueron tiempos difíciles para los indios. “Vender objetos era para ellos una manera de comer, un modo de vida”, afirma él. Smylie se muestra de acuerdo, diciendo que algunos miembros tribales cambiaban los objetos por alimentos y otros artículos de primera necesidad.

“Estas eran personas que necesitaban ese dinero”, dice Jonathan Haas, conservador emérito del Museo Field. “Les arrebataron su cultura tradicional y fueron obligados a participar en una economía que no era la suya”.

Smylie dice en el documental que lleva mucho tiempo curarse de ese tipo de trauma y del abuso de que fueron víctimas los miembros de Río del Viento, pero que entablar relaciones es un modo de ayudar a restañar esas heridas. La decisión de prestarle a la reserva algunos de los objetos de la colección de Adams significa que “podemos extender la colección más de lo que jamás pudimos hacerlo en los últimos 50 años”.

El obispo añade que las nuevas relaciones que se entablaron durante el proceso de toma de decisiones fueron una prueba. “Fue una prueba para ellos. Fue una prueba para nosotros. Fue una prueba para las tribus”, afirma él.

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y corresponsal de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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