Una congregación camboyana contribuyó a iniciar la agricultura comunitaria de la Iglesia

Huertos comunitarios hermanan a diversos barrios en Tacoma

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Aug 19, 2016

Nota de la redacción: Este es el artículo más reciente de una serie continua sobre congregaciones de la Iglesia Episcopal que participan en la agricultura comunitaria. Otros artículos de la serie se pueden encontrar aquí.

Sue Bernstein, miembro de la iglesia episcopal camboyana de la Sagrada Familia de Jesús en Tacoma, Washington, y promotora de los huertos comunitarios, habla con Saron Chin, a la izquierda y Soeung Long, en el huerto que está detrás de la iglesia. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS

Sue Bernstein, miembro de la iglesia episcopal camboyana de la Sagrada Familia de Jesús en Tacoma, Washington, y promotora de los huertos comunitarios, habla con Saron Chin, a la izquierda y Soeung Long, en el huerto que está detrás de la iglesia. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS

[Episcopal News Service – Tacoma Washington] La agricultura comunitaria puede estar empezando a arraigarse en algunas partes de la Iglesia Episcopal, pero cuando la iglesia episcopal camboyana de la Sagrada Familia de Jesús [Holy Family of Jesus Cambodian Episcopal Church] plantó un huerto hace 20 años fueron pioneros del movimiento.

Los huertos y la iglesia han crecido juntos desde que la Sagrada Familia se fundara en 1990. Desde los primeros años, a mediados de la década del 90, hasta el día de hoy, las parcelas individuales han sido como un bálsamo en [la zona de] Gilead para los refugiados camboyanos que huyeron del terror y la muerte que les acechaba en su país a fines de los años setenta y principios de los ochenta. Esos refugiados sobrevivieron en los campos de reasentamiento en Tailandia antes de llegar a Estados Unidos, donde muy pocas personas entre las que ellos vivían hablaban su idioma.

Algunos camboyanos vinieron a EE.UU. después que Phnom Penh, la capital de Camboya, cayó en manos de los comunistas del [movimiento] Khmer Rouge en 1975, pero la gran oleada se produjo después de que el Khmer Rouge fue derrocado en 1979. Cerca de 150.000 refugiados camboyanos ingresaron en Estados Unidos después de la guerra en Indochina, pero la mayoría llegó entre los años 1980 y 1985.

Al principio fueron patrocinados por agrupaciones religiosas y agencias de voluntarios que los esparcieron por todo el país. Cuando pasó el tiempo y el patrocinio se terminó, los refugiados comenzaron a mudarse a las áreas donde sabían que ya otros se habían establecido. La de Seattle/Tacoma fue una de ellas.

“Venir aquí donde todo es tan diferente y sentirte emocionalmente exhausto y tener la oportunidad de poner las manos en el suelo” y reconectarte con tus recuerdos de la agricultura en Camboya, han hecho de estos huertos, que comenzaron en 1996, “un lugar de fundacional, un lugar de paz” dijo Sue Bernstein, miembro de la Sagrada Familia durante más de 30 años.

La idea de un huerto comunitario se aviene exactamente al concepto original —y permanente— de la Sagrada Familia de ser tanto un lugar de culto como un sitio para la comunidad circunvecina. La iglesia tiene sus raíces en la iglesia episcopal de San Mateo [St. Matthew’s Episcopal Church] en la zona de Brown’s Point en Tacoma. En octubre de 1980, la parroquia patrocinó a una familia camboyana, que comenzó a asistir a la iglesia y algunos otros camboyanos la siguieron.

Con el tiempo, los camboyanos sintieron la necesidad de contar con un lugar propio y, debido al área en que la mayoría de ellos vivía, comenzaron a buscar en el barrio de Salishan. El entonces obispo jubilado de Alaska David Cochran, que era el vicario de la congregación, se puso en contacto con algunas fundaciones y con otras iglesias en busca de ayuda económica. Finalmente, la Diócesis de Olympia compró el terreno y, en mayo de 1990, la congregación dedicó el edificio.

Por ese tiempo, la Secretaría de Vivienda de Tacoma recibió una subvención federal para combatir una epidemia creciente de delitos y drogas en la urbanización de Salishan, la cual es uno de los proyectos de viviendas más grandes de la costa occidental [de EE.UU.]. El programa comenzó a funcionar, las personas sentían que era más seguro salir a la calle y encontrarse con sus vecinos, y la Sagrada Familia estaba allí esperando para darles la bienvenida.

La congregación también preparó al Rdo. Sam Lee, que en 1999 se convirtió en el primer sacerdote camboyano de la Comunión Anglicana.

Tallos de frijoles ascienden por el andamiaje de ramas levantadas en una parcela de los huertos comunitarios de la iglesia episcopal de la Sagrada Familia de Jesús en Tacoma, Washington. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS

Tallos de frijoles ascienden por el andamiaje de ramas levantadas en una parcela de los huertos comunitarios de la iglesia episcopal de la Sagrada Familia de Jesús en Tacoma, Washington. Foto de Mary Frances Schjonberg/ENS

Los que laboran en el terreno que se extiende detrás del estacionamiento de la Sagrada Familia han llegado a convertirse en una gran familia. Algunos, pero no todos, son miembros de la congregación. A lo largo de los años, los camboyanos han labrado la tierra allí junto con vietnamitas, laosianos, samoanos y rusos. Para todos ellos, y especialmente para los hortelanos camboyanos más viejos, la oportunidad de plantar algo de su propia dieta ha sido un medio pacífico de “conectarse con las cosas positivas de cuando eran agricultores en Camboya”, incluidos los aspectos comunales de cultivar y compartir los productos los unos con los otros, según Bernstein.

Sarom Chin y Soeung Long han tenido lotes de terreno durante los últimos tres años. Ayudaron a desmontar una maraña de arbustos de moras y expandieron el área de plantación. Ellos mejoran continuamente los plantíos.

Soeung Long es miembro de la Sagrada Familia y a veces toca instrumentos durante el culto. Dijo que viene a trabajar en este terreno porque se enorgullece de cómo se ve y que le gusta cultivar alimentos para él y para los demás.

Sarom Chin, que no es miembro de la Sagrada Familia, trabaja de voluntario en la despensa de la congregación para personas de la tercera edad y ambos hombres comparten algunos de los alimentos que cultivan con los ancianos que vienen a la Sagrada Familia cada semana para una comida comunitaria. La Asociación de Mujeres Coreanas de la localidad les ofrece comidas a ancianos camboyanos dos días a la semana y a ancianos vietnamitas otros dos días.

Los dos hombres dijeron que el tiempo que dedican a los huertos incluyen relatos amenos contados por buenos amigos. Han levantado una plataforma por encima del suelo en torno a un árbol corpulento al fondo de los huertos, que sirve de punto de reunión y como área de almacenaje de los implementos agrícolas. Cerca hay un área donde los hombres ofrecen, en el otoño, unas mazorcas (de maíz) asadas que se han hecho muy populares.

“Muchísima gente viene aquí a comer”, recalcó Sarom Chin.

Los huertos de la iglesia episcopal camboyana de la Sagrada Familia de Jesús se encuentran detrás del edificio y del estacionamiento de la iglesia en Tacoma, Washington. Foto de Google Maps

Los huertos de la iglesia episcopal camboyana de la Sagrada Familia de Jesús se encuentran detrás del edificio y del estacionamiento de la iglesia en Tacoma, Washington. Foto de Google Maps

Las únicas criaturas con que los hombres no se sienten muy felices de compartir comida son los venados. “Se lo comen todo”, afirmó él.

La Sagrada Familia se asienta en un barrio arenoso y relativamente pobre de East Tacoma. Partes del barrio están técnicamente en la reserva de los indios puyallup, una de las reservas indias más urbanas de Estados Unidos. El proyecto de viviendas de Salishan debe su nombre a la familia de lenguas que hablaban los pueblos indígenas de la costa noroccidental [de EE.UU.].

Bernstein dirigió un estudio bíblico en la urbanización de Salishan y conoció a algunas de las familias camboyanas cuando llegaron por primera vez a Estados Unidos. Fue a través de sus conexiones con esas familias que llegó a comprometerse con la Sagrada Familia.

Ella ha estado participando del programa de horticultura comunitario desde la primera vez que se cultivó el terreno detrás de la Sagrada Familia y ayudó a crear un huerto comunitario en Salishan. La idea de los huertos comunitarios camboyanos parte también de un proyecto que comenzó en la escuela primaria del barrio, donde los maestros y otras personas creyeron que un huerto podría ayudar a mostrarles a los jóvenes que a sus mayores, que parecían adaptarse lentamente al modo de vida en Estados Unidos, tenían conocimientos y habilidades que valía la pena respetar y aprender, dijo Bernstein.

Con el transcurso de los años, ella ha ayudado a relacionar los huertos de la Sagrada Familia con la comunidad en general. En los años 90, Bernstein trabajaba con el Club Eastside 4-H, que fundó la Eastside 4-H Honey Co. y Youth Fresh Herbs and Flowers. Este último atendía parte del terreno que se extendía entre el estacionamiento de la iglesia y lo que era entonces una plantación de frutales abandonada. El proyecto comenzó en los primeros años de explotación de los huertos y los miembros de la 4-H ayudaron a ampliar el sitio al hacerlo más apto y productivo para la horticultura, explicó.

Bernstein ve la horticultura comunitaria como un enfoque holístico de la labor social de la iglesia. Los hortelanos ahorran dinero al cultivar algunos de sus propios alimentos, añadió ella, y comen productos saludables.

Esos huertos comunitarios de la iglesia también pueden ser evangelistas. Bernstein dijo que reunir a las personas en un sitio de producción de alimentos, como es un huerto, puede ser un primer paso “para acercarlos al Señor”.

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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