La Misión a los Marinos acoge a los extranjeros con paz y con verduras

Un huerto que brinda una nueva cosmovisión a marinos y voluntarios

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Aug 4, 2016

Nota de la redacción: Este es el ultimo artículo de una serie continua acerca de congregaciones de la Iglesia Episcopal que llevan a cabo proyectos de agricultura comunitaria. Otros artículos de la serie pueden encontrarse aquí.

Huerto para los marinos en Seattle

[Episcopal News Service – Seattle, Washington] En un terreno que se acomoda junto al canal Duwamish, a la sombra de remolcadores y de una almacén de granos, se descubre un rincón improbable: ocho arriates de lechugas, tomates verdes y calabacines en plena floración.

Hay una alfombra de virutas de madera. Hay una mesa de picnic y algunos bancos. Un cubo de abono orgánico se recuesta contra una cerca de malla. Al otro lado de la cerca crecen frambuesas silvestres que descienden en cascada hacia el canal donde los remolcadores pasan rumbo a su trabajo en el Puerto de Seattle.

“Es espectacular aquí”, exclamó Ken Hawkins, director de Misión a los Marinos en Seattle una tarde reciente mientras los remolcadores sonaban sus bocinas y el tránsito por el puente West Seattle fluía continuo por encima.

Johanna Padie, feligresa de la iglesia episcopal de Santa Margarita en Redmond, Washington, ayudó a comenzar el ministerio del huerto de la Misión a los Marinos en el puerto de Seattle. Foto de la Misión a los Marinos en Seattle vía Facebook.

Johanna Padie, feligresa de la iglesia episcopal de Santa Margarita en Redmond, Washington, ayudó a comenzar el ministerio del huerto de la Misión a los Marinos en el puerto de Seattle. Foto de la Misión a los Marinos en Seattle vía Facebook.

La idea de plantar hortalizas en un lote de terreno de la oficina de la Misión a los Marinos se les ocurrió a Hawkins y Johanna Padie, una simpatizante de los marinos proveniente de la iglesia episcopal de Santa Margarita [St. Margaret’s Episcopal Church] en Bellevue, Washington, durante una conversación en el otoño de 2013 sobre un mayor aprovechamiento para el ministerio del espacio de la Misión. El rincón de terreno en cuestión no era “más que un pedazo de tierra árido y gris”, dijo él.

Surgió la idea de un huerto urbano y Hawkins se puso en contacto con Brian Sellers-Peterson, residente del área de Seattle y principal asesor del presidente de la Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo y un promotor de los proyectos de agricultura comunitaria de la Iglesia. Hawkins dijo que Sellers-Peterson y Padie hicieron posible el huerto.

In 2104, un grupo de voluntarios construyó y cultivó seis arriates elevados para los cuales [la iglesia de] Santa Margarita donó los materiales. Ese año los arriates produjeron 1.000 raciones de hortalizas para los bancos de alimentos y albergues de la localidad. Unos voluntarios luteranos añadieron otros dos arriates en 2015. También el año pasado, empleados de Microsoft, cuya sede central se encuentra en la zona de Seattle, ayudaron en el mantenimiento general y regresarán este año el “día de la solidaridad” anual de United Way.

Los voluntarios plantan hortalizas para los marinos visitantes, y hacen donaciones a una despensa de alimentos y a iglesias de la localidad. Otros voluntarios vienen a ayudar en el mantenimiento, como hace el grupo de estudiantes de secundaria de la iglesia episcopal de la Santa Cruz [Episcopal Church of the Holy Cross] en Redmond, Washington, que vinieron en un fin de semana reciente a escardar hierbas malas, a esparcir más virutas de madera, a podar el cercado y “a ayudarnos a seguir haciendo de este lugar un sitio de acogida”, dicho en palabras de Hawkins.

Unos voluntarios llenan de tierra un arriate elevado en el huerto de la Misión a los Marinos en Seattle. Foto de la Misión a los Marinos en Seattle vía Facebook.

Unos voluntarios llenan de tierra un arriate elevado en el huerto de la Misión a los Marinos en Seattle. Foto de la Misión a los Marinos en Seattle vía Facebook.

Los arriates produjeron 2.000 raciones de alimento en 2015, dijo Hawkins, y antes en el día él le dijo a Episcopal News Service que los voluntarios habían cosechado entre 13 y 9 kilogramos de alimento. Este año los voluntarios plantaron los arriates de tomates pepinos, calabacines, berzas, acelgas y lechugas. La mayoría de los alimentos que no se les entregan a los marinos a bordo de sus barcos se envían al Banco de Alimentos de West Seattle, a unos cinco kilómetros al sur del huerto y un área de iglesias episcopales y luteranas.

En 2016, dijo Hawkins, una conversación sobre la manera de compensar las emisiones de carbono de las iglesias que compraban flores para el altar que y venían de fuera de Estados Unidos llevó a unos voluntarios a plantar flores y bulbos en el centro. La Iglesia ahorró cientos de dólares al usar esas flores y gran parte del dinero retornó a los Marinos en la categoría de donaciones. En medio de todo el trabajo que conlleva, “edificamos la comunidad en la misión”, afirmó.

El huerto es sólo parte del ministerio de la Misión a los Marinos. En funciones durante más de 40 años, el centro de Seattle ofrece servicios a bordo a unos 30.000 marinos y los voluntarios saludan se encuentran con empleados de cruceros cada verano. Algunos de esos empleados de cruceros viajan en una de las furgonetas de la misión desde el puerto hasta el centro de Seattle. Se les pide que donen $5 por el viaje (a diferencia de los $20 o más que les costaría un taxi) y las donaciones se revierten en el ministerio. Más de 10.500 tripulantes hacen uso del servicio durante el verano.

La misión también ofrece servicios de capellanía y, en Navidad, los voluntarios cosen, llenan y distribuyen bolsas con artículos de aseo personal y un sombrero tejido a mano. Los marinos puede usar computadoras en el centro de la Misión a los Marinos de Seattle y también puede conectar sus propios aparatos a la internet a través del Wi-Fi del centro. Algunos voluntarios llevan teléfonos celulares y tarjetas telefónicas SIM de bajo costo a los marinos que no pueden abandonar su barco, de manera que puedan llamar a sus casas mientras están en puerto. Ellos también se ofrecen a hacerles cualquier compra necesaria a los marinos. La Misión a los Marinos de Seattle ha recibido a personas de más de 100 países. Un tercio de ellos proviene de las Filipinas y aproximadamente otro tercio, según Hawkins, de China, la India, Malaysia e Indonesia. Muchos de esos marinos han pasado semanas, meses e incluso años a bordo de sus bardos. A muchos de ellos las normas de la Seguridad Nacional de EE.UU. les dificultan el desembarco.

El cuarenta por ciento de los empleos del [estado de] Washington depende del comercio internacional y esos empleos pagan un 25 por ciento más que los que participan en las manufacturas y el sector de servicio locales. Los marinos “lubrican las vidas de una de las ciudades más ricas de Estados Unidos y del mundo”, y no obstante viven fuera del radar de muchas personas, dijo Hawkins.

“Son extranjeros en una tierra extraña cuando llegan aquí; son también extranjeros en su propia tierra (cuando regresan). Tenemos la oportunidad de acoger a esa gente y hacerle frente a la tradicional condescendencia de la misión que nos ha atormentado durante siglos”, afirmó. “No creo que puedas acoger verdaderamente a un extranjero si la condescendencia es parte esencial de tu actitud”.

En la labor de la Misión a los Marinos “existe una oportunidad para nosotros de hacer un cambio en las vidas de las personas que sea tangible y yo creo que como cristianos e hijos de Dios estamos llamados a hacerlo”, afirmó.

El trabajo voluntario en la Misión a los Marinos de Seattle con frecuencia es una actividad intergeneracional. Aquí se ve a dos voluntarios plantando en uno de los arriates elevados en mayo de 2015. Foto de la Misión a los Marinos de Seattle vía Facebook.

El trabajo voluntario en la Misión a los Marinos de Seattle con frecuencia es una actividad intergeneracional. Aquí se ve a dos voluntarios plantando en uno de los arriates elevados en mayo de 2015. Foto de la Misión a los Marinos de Seattle vía Facebook.

Esa oportunidad de cambiar las vidas de las personas se presenta con una dicotomía, dijo Hawkins. “Salimos esperando cambiar la vida de alguien y lo que sucede es que somos transformados”, al encontrarnos con personas que son algunos de los obreros subvalorados de la economía global.

Contando las 300 mujeres y unos cuantos hombres de todos los Estados Unidos que tejen sombreros para el programa de regalos de Navidad de la Misión a los Marinos de Seattle, el ministerio atrae a más de 400 voluntarios. “Creo que si podemos inspirar a 400 personas, eso es el poder de la evangelización”, dijo Hawkins.

Esos voluntarios “ven el mundo a través de nuestros ojos de servicio, humildad y humanidad”, afirmó Hawkins, quien añadió que parte de la misión del ministerio consiste en “llevarnos al resto de la humanidad y llevar a nuestros hermanos y hermanas a estos lugares de manera que experimenten el mundo y a las otras personas en un ambiente verdaderamente maravilloso e inspirador”.

Y ello podría tener “más que ver con la Iglesia del futuro que la mayoría de las estructuras que tenemos a través de la Iglesia Episcopal”, agregó.

El puerto de Seattle es uno de los más de 200 puertos en 50 países donde ministra la Misión Internacional a los Marinos. Fundada en 1856, el ministerio tiene sus raíces en la Iglesia Anglicana y en la actualidad la reina Isabel II es su patrona.

– La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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