‘Espadas en Azadones’

El ‘Huerto de la Paz’ de Indianápolis busca restaurar y nutrir a la comunidad

Por David Paulsen
Posted Jul 25, 2016
Voluntarios de iglesia episcopal de San Albano trabajan, a principios de junio, en torno a cruces conmemorativas en el trasplante de posturas de tomate. Foto de Mike Scime/San Albano.

Voluntarios de iglesia episcopal de San Albano trabajan, a principios de junio, en torno a cruces conmemorativas en el trasplante de posturas de tomate. Foto de Mike Scime/San Albano.

Nota de la redacción: Esta es el último artículo de una serie sobre congregaciones de la Iglesia Episcopal que participan en iniciativas de agricultura comunitaria.  Otros artículos de la serie pueden encontrarse aquí.

[Episcopal News Service] Es difícil obviar el ministerio que está creciendo en el exterior de la iglesia episcopal de San Albano [St. Alban’s Episcopal Church] en Indianápolis.

Al pasar la calle 46 rumbo a la avenida Anderson, cualquier transeúnte —bien comido o hambriento, devoto o espiritualmente inseguro, esté luchando por recuperarse o sea propenso a la violencia— se ve confrontado por un espectáculo sombrío y esperanzador a un tiempo: docenas de cruces blancas se levantan en conmemoración a los muertos, al tiempo que se ven rodeadas por la abundancia de la Tierra de Dios, cultivos que terminarán por proporcionarles alimentos frescos a un barrio que tiene gran necesidad de ellos.

Cada cruz plantada en ese campo lateral de la iglesia representa una de las víctimas asesinadas de la ciudad. En algunos casos, las cruces mismas se han convertido en herramientas del hortelano, sosteniendo enredaderas de guisantes y hierbas más altas, como el eneldo. El objetivo de la iglesia, con ayuda de una subvención de la Ofrenda Unida de Gracias, o UTO por su sigla en inglés, es cosechar 10.000 libras de productos de este antiguo terreno de béisbol para fines de la temporada de cultivo y distribuirlas entre varias despensas de víveres locales.

Cruces blancas que representan las víctimas de asesinato en la ciudad se ven en julio en medio de plantaciones de maíz y otros cultivos en el huerto exterior de la iglesia episcopal de San Albano en Indianápolis. Foto de Mike Scime/San Albano.

Cruces blancas que representan las víctimas de asesinato en la ciudad se ven en julio en medio de plantaciones de maíz y otros cultivos en el huerto exterior de la iglesia episcopal de San Albano en Indianápolis. Foto de Mike Scime/San Albano.

“De manera que uno tiene esta imagen de la resurrección; donde había un terreno baldío representativo de la muerte, ahora se está volviendo algo que vive… algo que va a beneficiar a la comunidad que ha sufrido por los asesinatos”, dijo el Rdo. Mike Scime, diácono de San Albano y codirector del huerto.

El programa agrícola ha suscitado indagaciones de otras congregaciones en Indianápolis y más allá, en tanto los organizadores tienen la mirada puesta en el objetivo a largo plazo de mejorar las opciones nutricionales y de compra de víveres de los vecinos de la iglesia.

Este ministerio ha tomado años en crearse, y su nombre, que evoca un pasaje de Miqueas, apunta a múltiples influencias y misiones: Huerto de la Paz ‘Espadas en Azadones’.

El proyecto intenta mostrar que, con ayuda de Dios, la “esterilidad causada por la violencia” puede transformarse “en alimento dador de vida” para los vecinos más pobres de la iglesia.

La violencia era una historia recurrente en 2014 y de nuevo en 2015 en Indianápolis. Luego de más de 130 homicidios en 2014, la ciudad alcanzó un nuevo récord siniestro el año pasado con 144 homicidios, entre ellos el caso de un niño de 10 años muerto por un pariente en un oficio de recordación y otro caso que conllevó el descubrimiento de cuatro personas muertas en una casa que había sido blanco de un allanamiento delictivo.

San Albano está localizada en la parte este de Indianápolis, donde ha tenido lugar un gran número de asesinatos. Los miembros de la congregación provienen de un área geográfica mucho más grande, pero en el barrio en torno a la iglesia, es difícil encontrar productos frescos, dijo Sarah Archer, miembro de San Albano, quien ayudó a crear la iniciativa Espadas en Azadones.

“Nuestro barrio es lo que se llama a falta de una definición mejor un ‘desierto alimentario’, que la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA por su sigla en inglés) define como un área donde las tiendas de víveres se encuentran a unos dos kilómetros de distancia de la mayoría de las viviendas, y en la que los residentes terminan por comprar toda clase de alimentos en tiendas mixtas, que casi nunca venden productos fresco, dijo Archer, miembro de la junta parroquial y subdirectora del proyecto.

Además de una misión meritoria, la iglesia cuenta con un recurso clave: tres terrenos de béisbol sin usar.

El ministerio de béisbol de la iglesia había terminado hace varios años, y los líderes de la congregación llevaban mucho tiempo debatiendo qué hacer con los terrenos. Plantar un huerto de frutales demoraría mucho en producir. También se discutió la creación de un huerto donde los miembros de la comunidad pudieran alquilar parcelas, pero ese plan conllevaría dificultades administrativas.

“Sabíamos que teníamos que encontrarle otro uso a esa propiedad”, dijo Scime, y el repunte de la violencia condujo al comienzo de un plan. “Algunas personas querían hacer algo que atrajera la atención de la comunidad al número de asesinatos”.

Una respuesta a la violencia se incorporó en la decisión de la iglesia de tomarse el trabajo de cultivar el terreno, y Scime y otros líderes de la iglesia vieron sus énfasis de justicia, paz y comunidad  coincidir con la misión del programa de la Iglesia Episcopal subvencionado por la UTO.

En mayo, las cruces de recordación se usan para conectar cordeles que sostienen los brotes de guisantes en el huerto de la iglesia episcopal de San Albano ‘Espadas para Azadones’. Foto de Mike Scime/San Albano.

En mayo, las cruces de recordación se usan para conectar cordeles que sostienen los brotes de guisantes en el huerto de la iglesia episcopal de San Albano ‘Espadas para Azadones’. Foto de Mike Scime/San Albano.

“El huerto nos dio una oportunidad de hacer también algo positivo en la comunidad donde reuniríamos a personas de todo el barrio y de todas las procedencias […] en beneficio de la comunidad donde estaban ocurriendo los asesinatos”, dijo Scime.

San Albano comenzó a trazar planes para cultivar uno de los terrenos de béisbol de 400 metros cuadrados. En diciembre de 2014, Scime, con ayuda de Archer, presentó una solicitud para una subvención de la UTO de alrededor de $16.000 que, al combinarse con otras subvenciones y donaciones, se usaría para comprar equipo, contratar un administrador y mantener el huerto activo y próspero.

Si bien la iglesia esperó hasta el año pasado para tomar una decisión relativa a la solicitud de la subvención de la UTO, se plantaron melones en aproximadamente el 30 por ciento del terreno para probar la calidad del suelo. Resultó adecuada, y todo el cambo se labró a fin de prepararlo para la siembra la primavera siguiente.

Después de que aprobaran la subvención de la UTO, la iglesia celebró una ceremonia en diciembre pasado para dedicar el Huerto de la Paz. Asistieron unas cien personas, entre ellas el jefe de la policía municipal y representantes de las despensas de alimentos asociadas con la iglesia.

Para entonces, Indianápolis se encaminaba a superar su propio récord de 1998 de 143 asesinatos, y las cruces blancas que representaban las víctimas muertas en 2015 llenaban el terreno baldío de la iglesia.

“Una vez que se plantaran todas las cruces, para fines de diciembre, y mirar a través de ese campo de cruces llamaba poderosamente la atención”, dijo Archer, que trabaja como enfermera de salud pública.

En la primavera, la iglesia utilizó el dinero de la subvención para contratar a Tate Nielsen como director del huerto a jornada completa para la temporada de crecimiento de 2016. Él desarrolló un plan para unos 20 cultivos, entre ellos tomates, lechugas, zanahorias, cebollas, calabacines, melones, maíz y frijoles. Los cultivos mismos se convirtieron en un anuncio publicitario para el ministerio que se llevaba a cabo.

“Queríamos hacerlo visualmente atractivo para que la gente se asomara y se sorprendiera de lo que pasaba y realmente se comprometiera con el huerto”, explicó Nielsen.

A mediados de julio, ya se habían cosechado 544 kilogramos de productos frescos, lechugas en su mayoría. Cuando los cultivos más pesados se recojan más tarde en la estación, la granja espera alcanzar su meta de 4.535 kilogramos para donar a las despensas de víveres locales, dijo él.

Al mismo tiempo, el huerto ya suscitado el apoyo de muchas partes, y cuenta con 43 voluntarios que han puesto en total más de 320 horas de trabajo para llevar el alimento desde la semilla hasta la mesa.

La iglesia ya está planificando para el próximo año. Llevó aproximadamente $25.000 iniciar la plantación del huerto, pero el costo anual se calcula en $15.000 —el empleo de Nielsen es sólo temporero, y el huerto se espera que continúe el año próximo con solamente un administrador de media jornada. Antes de decidir qué se plantará el año próximo, se están entrevistando a más de 100 despensas de víveres para determinar qué tipos de productos prefieren, dijo Archer.

Más adelante en el futuro, la iglesia espera colaborar con otras organizaciones locales para animar a más compañías de productos alimentarios a abrir tiendas de víveres en éste y otros barrios de Indianápolis a fin de abordar el problema de los desiertos de alimentos.

En el ínterin, la violencia ha continuado en 2016 —“hay 71 cruces en nuestro huerto”, dijo Scime un lunes por la mañana de este mes—, aunque Indianápolis no se encamina a igualar el récord de muertes del año pasado. En presencia de esa violencia, las esperanzas de San Albano es la de ser un “faro de luz”, dijo Scime, en tanto progresa con su ministerio agrícola.

No podría haber sucedido sin el apoyo del programa de la UTO, añadió Scime. “Tenemos un compromiso y una creencia firmes de que su inversión inicial aquí resultará en algo que se prolongará en el futuro”.

— David Paulsen es un escritor independiente radicado en Milwaukee, Wisconsin, y miembro de la iglesia episcopal de la Trinidad [Trinity Episcopal Church] in Wauwatosa. Traducción de Vicente Echerri.


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