La intensidad de Absalom Jones sigue presente en Santo Tomás, Filadelfia

Por Pat McCaughan
Posted Feb 17, 2014
La congregación de la iglesia episcopal de Santo Tomás, Filadelfia, durante la procesión del Domingo de Ramos en marzo de 2013.

La congregación de la iglesia episcopal de Santo Tomás, Filadelfia, durante la procesión del Domingo de Ramos en marzo de 2013.

[Episcopal News Service] El 13 de febrero puede ser el día en que el calendario de la Iglesia reconoce oficialmente la vida y ministerio del Rdo. Absalom Jones, pero para Mary Sewell Smith y otras personas en la iglesia episcopal africana de Santo Tomás [African Episcopal Church of St. Thomas], en Filadelfia, cada día es el día del fundador.

Jones —el primer sacerdote negro de la Iglesia Episcopal y de la nación— fundó Santo Tomás en 1792 como la primera iglesia negra de cualquier denominación en el país, y “ese espíritu que caló en aquella primera iglesia se ha transmitido a través de los años y se mantiene vivo y pujante”, dijo Smith.

“Una fuerza orientadora en nuestra iglesia es la vida y legado del Rdo. Jones. Es simplemente parte de mi vida”, dijo Smith, feligrés de toda la vida y miembro actual de la sociedad histórica de la iglesia. “Intentamos vivir a la altura de los principios que él abrazó: libertad, educación, adoración, servicio comunitario”.

Además de Santo Tomás, quedan hoy unas 90 iglesias episcopales históricamente afroamericanas, congregaciones creadas por negros que no eran bienvenidos en las iglesias episcopales establecidas en la época posterior a la esclavitud y durante la segregación racial en Estados Unidos, según el Rdo. Harold T. Lewis, ex funcionario para el ministerio de los negros del centro denominacional de la Iglesia Episcopal en Nueva York y autor de Yet With a Steady Beat: the African American Struggle for Recognition in the Episcopal Church [La lucha de los afroamericanos por el reconocimiento en la Iglesia Episcopal] (Trinity Press International, 1996).

Santo Tomás, la más antigua de todas estas congregaciones, surgió de la Sociedad de Africanos Libres, una organización independiente de ayuda mutua creada por Absalom Jones y Richard Allen para responder a las necesidades económicas, educacionales, sociales y espirituales de la comunidad afroamericana. Esos empeños se mantuvieron en la iglesia.

“La mayoría de las congregaciones negras siempre han estado  a favor de la superación y la acción social, así como la labor con la comunidad y la preparación de la misma”, afirmó Lewis.

“Lo que resulta triste es que muchas personas en la Iglesia, negras y blancas, desconocen esa historia y no saben cuántas personas han luchado para hacernos llegar adonde nos encontramos hoy”, añadió, citando el desigual pasado de la Iglesia Episcopal con respecto a los afroamericanos y el racismo.

Imbuidos del espíritu de Absalom Jones

ens_021314_absalomJones_spUno de los primeros recuerdos de Smith es el de ver el icónico retrato de Jones pintado por Raphaelle Peale en 1810 que colgaba en el nártex de la iglesia mientras su padre le contaba la historia del fundador de Santo Tomás, que nació en la esclavitud, aprendió por sí solo a leer y compró su libertad en 1784. Seis años antes, él había comprado la libertad de Mary, su esposa.

Jones sirvió como ministro laico hasta que a él y a otros negros les pidieron que se fueran de la iglesia metodista episcopal de San Jorge [St. George’s] en Filadelfia. Ese éxodo llevó a Richard Allen y a Jones a crear la Sociedad de Africanos Libres y dio lugar a que Allen fundara la Iglesia Metodista Episcopal Africana y a la ordenación de Jones como diácono de la Iglesia Episcopal y, nueve años más tarde, como presbítero, cuando tenía 58 años.

Pero William White, a la sazón obispo de Pensilvania, convendría en ordenar a Jones y recibir a la iglesia de Santo Tomás en la diócesis con la condición de que la iglesia no enviaría ni clérigos ni diputados a la convención diocesana, privando así a los negros de voz y voto en el gobierno de la Iglesia, lo cual “caracterizaba la dualidad de las relaciones raciales dentro de la Iglesia durante gran parte de su historia”, según los documentos históricos de la iglesia.

Smith recuerda las visitas a la tumba de Jones, situada “en el mismo cementerio donde están las tumbas de nuestra familia. Y cuando íbamos a visitar a nuestra familia, siempre decíamos una oración junto a la lápida de Jones”. Los restos de Jones fueron luego exhumados e incinerados y colocados en una urna en una capilla conmemorativa dentro de la iglesia de estilo gótico, explicó ella.

Smith creció jugando en las gradas de la iglesia, junto con las amigas de su niñez Mercedes Sadler y las hermanas Lucille e Isabel Hamill. Las mujeres que ya están entre los setentitantos y ochentitantos años siguen compartiendo el amor a la iglesia y a la historia como miembros de la sociedad histórica. Dicen que la iglesia les inculcó un sentido de pertenencia. La historia de la iglesia era su propia historia, y también la historia de la nación.

La historia vive: ‘en gran medida como parte de la iglesia’

Una de las mayores alegrías para las hermanas y maestras jubiladas, Isabel y Lucille Hamill, de 87 y 83 años respectivamente, fue encontrar una mención de su tía, Bertha Jones, entre los nombres de las mujeres de la iglesia que apoyaron varios empeños bélicos.

“Había notas sobre las mujeres que ayudaron envolver vendajes para la guerra Hispano-Americana”, dijo Lucille Hamill. “Y las mujeres atendían cantinas durante las dos guerras mundiales, donde los jóvenes podían venir y comer y ser tratados maternalmente por las mujeres mayores de la iglesia, y se acostumbraron a venir”.

Para las Hamills resulta difícil encontrar palabras para todo lo que la iglesia ha significado para ellas. “Te hacía sentir incluido, en una ciudad donde aún existía una segregación feroz cuando éramos jóvenes”, dijo Lucille Hamill. “Te hacía sentir parte de algo más grande que tú misma, y eso era importante”.

Para preservar la historia de la congregación, la iglesia ha creado un archivo en un edificio anexo, pero se encontró con problemas de clima y humedad que están en vías de resolverse, dijo Smith. Los archivos de la iglesia ofrecen una ventana a un pasado lleno de activismo social y de trabajo comunitario y un atisbo incluso de posibilidades futuras.

“Creo que, por saber un poquito de lo que ha sido la iglesia a través de los años, ella nos guía y nos llena el presente”, agregó Smith.

En los archivos se encuentran los registros bautismales de Jones de fines del siglo XVIII, así como partidas de nacimientos y defunciones, sermones y discursos, listas de miembros y actas de las reuniones de la junta parroquial.

Algunos documentos, en proceso de ser restaurados, anteceden a la iglesia. “En efecto, tenemos un libro de la contabilidad de la Sociedad Africana Libre”, apuntó Smith. “En todo lo que yo había leído decía que ningún registro de esta organización había sobrevivido, pero revisando nuestros viejos registros, encontramos este volumen, de 1790 a 1792, cuando la sociedad se disolvió y se convirtió en la iglesia.

“Cada miembro tenía una página, y muestra que pagaban un par de chelines, y este dinero se usaba para servir a los pobres y a los discapacitados. Uno puede ver cómo las personas pagaban sus cuotas y cómo se saltaban un par de meses y luego se ponían al día”.

Mirando retrospectivamente, el punto focal “siempre estaba en el servicio a la comunidad”, subrayó ella. “La Asociación de Santa María [St. Mary’s Guild] en el siglo XIX hizo ropa para los niños que no podían costearla para asistir a la escuela. Los Hijos de Santo Tomas [Sons of St. Thomas] tenemos las actas de estas organizaciones —hechas al estilo de la Sociedad Africana Libre y que funcionaron de manera muy semejante”.

La Sociedad Dorcas [Dorcas Society] estaba compuesta por mujeres “y su función fundamental parece haber sido ocuparse de pagar por los entierros de mujeres de la iglesia o la comunidad”, señaló.

Las listas de miembros de la iglesia se pueden leer como un registro biográfico de personajes de la sociedad afroamericana, dijo Mercedes Sadler, de 77 años, episcopal de sexta generación y miembro del coro del presbiterio, uno de los cinco coros de la iglesia.

[Estas listas] incluyen a James Forten, nacido en1766 de padres negros libres, que combatió en la guerra de Independencia y aprovechó un aprendizaje en una compañía fabricante de velas de barcos para convertirla en una empresa próspera. Él empleó la mitad de su riqueza en comprar la libertad de esclavos, ayudar a financiar el periódico abolicionista The Liberator, de William Lloyd Garrison, a dirigir en su casa una estación de fuga [de esclavos que escapaban del sur] y a fundar una escuela para niños negros.

Octavius Valentine Catto fue “un hombre del Renacimiento y miembro de la junta parroquial en esos tiempos”, apuntó Sadler. “Lo mataron a tiros mientras intentaba conseguir que la gente saliera a votar”.

Catto tenía unos 5 años cuando su familia se mudó de Filadelfia a Carolina del Sur en 1850. Además de activista social, fue también un consumado torpedero [shortstop], entrenador de béisbol y líder del Pythian Baseball Club. Republicano y partidario de Abraham Lincoln, luchó por la aprobación de la 15ª. Enmienda, que le daba a los negros el derecho al voto, pero lo mataron el 10 de octubre de 1871, día de las elecciones. Uno de sus bates de béisbol se cuenta entre los objetos memorables del archivo.

El clero y los feligreses de Santo Tomás desempeñaron importantes papeles en los movimientos abolicionistas y antiesclavistas que propiciaron la fuga de esclavos en el siglo XIX, según la página web [de la iglesia]. “En los últimos 50 años, Santo Tomás ha figurado de manera prominente en el movimiento de los derechos civiles, la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés), la Unión de Episcopales Negros, el Centro de Oportunidades en la Industrialización, la Acción Interreligiosa de Filadelfia y las Mujeres Episcopales”.

Para Smith, los recuerdos son personales y valiosos. Ella recordaba haber visto a su hermano practicar en casa sus deberes de acólito y el arte de encender las velas. Aunque a las niñas no se les permitía servir de acólitos entonces, ella descubrió otras maneras de servir, tal como hizo su madre.

“Mi madre era lo que una llamaría una madre acólita”, dijo Smith. “En esos tiempos, nunca se sabía qué acólitos se iban a presentar. De manera que si se presentaba uno que fuera bajito, ella tenía que ajustarle la sotana con alfileres. Yo solía acompañarla en la sacristía antes del oficio, ayudándoles a prepararse [a los acólitos]. En esos tiempos no había niñas acólitas, pero siempre encontraba cosas que hacer”.

Mirar atrás y andar hacia adelante

Además de la participación comunitaria, Santo Tomás ha seguido comprometida “a mantener la información y el valor de la presencia negra en la Iglesia Episcopal”, según dice su página web. La iglesia presenta una exposición del Mes de la Historia Negra, ofrece visitas dirigidas y continúa preservando su tesoro de registros y desarrollando sus archivos.

“Es una extraordinaria bendición que tengamos esos magníficos archivos”, dijo Smith. “De algún modo, han reconocido, a través de los años, que esos registros eran valiosos. Uno llega realmente a tener una idea de cómo era la vida, de la gente, de quiénes eran los activistas y los líderes. Me han conectado y ha expandido mi conocimiento de la historia negra, así como mi conexión con la comunidad negra de un modo que yo no tenía”.

Aunque la iglesia se ha mudado cuatro veces desde que Absalom Jones la fundó, sigue creciendo y recibiendo a otros “con algo para todo el mundo”, dice Sadler. Sus miembros representan todo el espectro de la diáspora africana así como “un buen número” de blancos.

En 2000, se instalaron vidrieras emplomadas en la iglesia para rendir homenaje no sólo a Jones, sino también a varios gigantes negros de la fe: el arzobispo Desmond Tuto; Barbara Harris, obispa sufragánea jubilada de Massachusetts, la primera obispa electa en la Iglesia Episcopal; y el obispo sufragáneo Franklin Turner, que legó su báculo a los archivos.

Turner, que se jubiló en 2000, falleció el 31 de diciembre de 2013, y en su memoria se celebró un réquiem el 11 de enero.

En un oficio en 1992 en Santo Tomás para volver a sepultar los restos de Absalom Jones, Franklin había dicho refiriéndose a los episcopales negros: “en verdad, hemos llegado hasta aquí por fe”.

“Podemos justamente enorgullecernos de nuestra permanencia en la Iglesia Episcopal, aunque ha sido una lucha cuesta arriba”, afirmó.

Animar, facultar, acoger

En el espíritu del empeño de Absalom Jones en pro de la educación, la iglesia está en el proceso de lanzar un programa extraescolar, dijo el Rdo. Angelo Wildgoose, rector adjunto.

“El programa extraescolar está orientado hacia las escuelas de nuestra zona y se propone básicamente ayudar con las tareas escolares, la tecnología, las ciencias de la computación y con consejos para el examen de admisión [SAT]; y la iglesia participa en toda una variedad de campañas comunitarias”, le dijo él a ENS.

Entre otros programas de la iglesia, los cinco coros ofrecen una amplia gama de obras musicales: clásicas, espirituales, góspel y jazz.

El 16 de febrero comienza una nueva clase de escuela intermedia y superior, Souldiers for Christ [“Almas Marciales por Cristo”], dijo Wildgoose, que presta servicios en la iglesia desde diciembre. Otro programa, destinado a conectar a los estudiantes con iglesias episcopales de la localidad durante sus años universitarios, recomenzó en diciembre con unos 15 estudiantes, dijo él.

“La idea es brindarles ese hogar lejos del hogar donde podrán seguir asistiendo al culto en una iglesia episcopal y, al mismo tiempo, contar con algunos entornos familiares”, afirmó. “Tratamos de cerciorarnos de que mantenemos a nuestros jóvenes comprometidos, desde los niños hasta los que asisten a la universidad. Hacemos mucho énfasis en la participación de los padres”.

La asistencia promedio del domingo es de unas 400 personas en un oficio, con unos 50 niños en la escuela dominical. “Hay algo para todos aquí”, dijo Sadler.

Para Smith, sus amigos de toda la vida y muchos otros, Santo Tomás ha sido un hogar espiritual y real, “un asidero, en torno al cual organizar de algún modo la vida, y con personas de intereses semejantes”, afirmó Smith. “Somos dichosos de que nuestra congregación es multigeneracional, con una magnífica clase religiosa, un estupendo grupo de adolescentes y todos los Souldiers for Christ  y que cada grupo de distinta edad puede sentir que la iglesia les pertenece y llegar a ser una parte activa en la vida de la iglesia.

“En verdad se ha incorporado a mi vida, y creo que es lo que encuentran las personas cuando vienen aquí, y es por eso que cada domingo tenemos personas que se suman a la iglesia”.

– La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.

 


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