Los nacimientos, vivientes o de otra clase, cuentan la historia de la navidad

Por Pat McCaughan
Posted Dec 25, 2013
El nacimiento viviente de la iglesia de La Gracia en San Marcos, California. Foto de Teresa Osborne.

El nacimiento viviente de la iglesia de La Gracia en San Marcos, California. Foto de Teresa Osborne.

[Episcopal News Service] A Benjamín de León no lo sorprendió tanto el burro —en el nacimiento viviente de la iglesia de La Gracia [Grace Church]— como la llama.

“Fue muy divertido e interesante porque uno estaba ahí afuera en un pequeño establo, y había un burro y una llama, indudablemente algunos animales”, recordaba de León, de 41 años, que hizo el papel de José hace unos años en el nacimiento viviente que hicieron en el exterior de la iglesia en San Marcos, California.

Junto con su esposa Lara, como María; sus hijas Abigail y Elena como ángeles y la bebé Charlotte, entonces de cuatro meses, como niño Jesús, la familia disfrutó “de una experiencia maravillosa, que te hace pensar en lo que la Navidad realmente significa, en lugar de ser sólo regalos y Santa Claus. Es una tarea muy importante porque uno estás representando a la sagrada familia”.

La congregación de la zona de San Diego ha ofrecido el nacimiento viviente “como un regalo a la comunidad” durante los últimos cuatro años, según dice Teresa Osborne, directora de comunicaciones de La Gracia.

Un feligrés que rescata animales proporciona las ovejas, un burro e incluso la llama. La escena resplandece de luminarias. Hay incluso una “estrella de Belén” y una tienda de campaña abierta por un lado sirve de establo y es el telón de fondo para el pesebre de madera hecho a mano, dijo Osborne. Y siempre hay lugar para un ángel más, de manera que todo el mundo pueda intervenir en el acto, agregó.

Los miembros de la iglesia hacen turnos de media hora para escenificar el cuadro plástico; este año el evento ha aumentado de una a dos noches e incluirá un desfile.

Escena del nacimiento viviente de la iglesia de La Gracia, en San Marcos, California. Foto de Teresa Osborne.

Escena del nacimiento viviente de la iglesia de La Gracia, en San Marcos, California. Foto de Teresa Osborne.

“Está en un lugar muy visible, de manera que las personas que pasan en sus autos puedan verlo”, dijo Osborne. “La gente nos dice que se entusiasman cuando lo ven”.

La reverencia y fascinación por las escenas de la Natividad —vivientes o con figuras— se remonta a la Edad Media, cuando la tradición dice que San Francisco de Asís creó la primera después de visitar Tierra Santa  y el lugar del nacimiento de Cristo.

Como tradición universal, las representaciones del nacimiento de Jesús, tomadas de los evangelios de Lucas y Mateo, varían; y así también su uso.

Los nacimientos de algunas iglesias —como el bien conocido de la Catedral Nacional de Washington— son de temporada. Otros, sin embargo, incluidos algunos coleccionistas individuales, disfrutan de ellos todo el año.

“Yo probablemente tengo cerca de 50 nacimientos diferentes de todas partes del mundo: Alemania, Italia, Austria, África, México, Estados Unidos y Haití”, dijo la Rda. Sally Monastiere, de Upland, California, que ha coleccionado belenes durante más de 20 años. Algunos de ellos los exhibe el año entero; otros sólo en la temporada navideña.

“Las figuras del nacimiento africano llevan trajes típicos”, explicó ella. “Uno de Francia tiene la figura de José sentado y María reclinada. Uno de los más inusuales presenta a José cargando al niño Jesús. Me quedé con otro porque tenía pollos. Incluso he creado un nacimiento con punto de cruz y tengo uno tejido a la manera de las muñecas duduzas de Haití”.

En Upland, California, ‘María es la madre de todos’

Lisa Drew, que creó el nacimiento estilo duduza de Monastiere, también tejió un nacimiento con figuras de peluche de dos pies de alto para la iglesia y escuela episcopal de San Marcos [St. Mark’s Episcopal Church and School] en Upland, de manera que los niños —grandes y chicos— pudieran tocar y palpar y manipular y “hacer uso de las figuras y contar los relatos con ellas”.

Las muñecas duduzas inspiraron el nacimiento en Upland, California.

Las muñecas duduzas inspiraron el nacimiento en Upland, California.

“Mi clase de matemáticas de séptimo grado tenía muchísimas preguntas al respecto, de manera que hicimos un recorrido por el nacimiento”, dijo Drew, maestra de matemáticas, consejera y feligresa de San Marcos. “Había niños de 12 y 13 años que estaban haciendo lo que yo había imaginado que harían niños de cuatro o cinco años. Cogieron los animales y los pasearon, los cambiaron de posición, abrazaron al corderito y a la oveja.  Fue divertido”.

Drew se sintió inspirada después de asistir a una tarde de tejido auspiciada por For a Reason, una agencia sin fines de lucro que ha recaudado fondos para oportunidades educativas, entre ellas en Haití, durante más de doce años.

Esto volvió a despertar su interés en tejer y decidió hacer un nacimiento al estilo de las muñecas duduzas haitianas.

“Tuve que hacer bases y esqueletos de alambre para las criaturas —no había ningún patrón, de manera que me ponía a tejer lo que creía que sería una figura de animal”.

Utilizando tubos de vinilo y alambres de cobre para las estructuras, estambre y relleno de poliéster para los cuerpos y espuma de poliestireno verde y floral para las bases, creó una familia de tres ovejas —un carnero, una oveja hembra y un cordero—, una cabra y un burro, además de María, José, un ángel, uno de los reyes magos “un bebé que se separa (de la cuna) lo cual permite contar la historia que conduce al nacimiento del bebé, sin que el bebé esté allí”, dijo Drew.

“El velo de María y las alas de Gabriel son tejidas a dos agujas, que es más bien laborioso, pero que les da un textura como muy delicada que es divertido de hacer”, agregó.

Finalmente, el esfuerzo radica en enseñarles a los niños a contar el relato [de la Navidad]. “Tenía mucho que ver conque los niños llegaran a familiarizarse con esas figuras y con los relatos asociados con ellas”, explicó Drew. “La idea consistía en tratar de concebir el pesebre de una manera nueva, intentar concebirlo de una forma que incluyera a nuestros asociados haitianos y que la Navidad estuviera al alcance de todas las personas de todos los colores en todos los lugares”.

Ella usó estambre para acercarse al color de la piel de las muñecas haitianas “porque María es la madre de todos, la hija de todos. Ella es la mujer que todas nosotras querríamos poder ser, que pudiéramos decirle que sí a Dios de esa manera, y José es el hombre obediente, que también le dijo que sí a Dios”.

Atlanta: una conexión natural con la Sagrada Familia
No resulta fácil describir el relieve italiano de madera tallada de 4 x 5 pies hecho a mediados del siglo XIX y que se exhibe todo el año en el nártex de la iglesia y escuela de los Santos Inocentes [Holy Innocents Church] en Atlanta, según cuenta su rector, el Rdo. Michael Radford Sullivan.

“¿Cómo describe uno algo que es santo?”, preguntó él durante una reciente entrevista telefónica con ENS.

La delicada talla de la tarja muestra la ropa y otros detalles como si fuera una escena; las figuras parecen salir de la madera, agregó él. “Lo que uno realmente advierte son las caras y la belleza de las personas. Tiene una notable calidad encarnada”.

Y añadió: “Puesto que somos la iglesia de los Santos Inocentes, tenemos una conexión natural todo el año con la sagrada familia y en consecuencia esto se encuentra en el nártex y está allí siempre. Es una talla absolutamente bella”.

Pero al igual que la mayoría de las iglesias, otro nacimiento —de aproximadamente un pie de alto y hecho de madera de olivo— se encuentra temporalmente situado cerca del altar. “Sus piezas usualmente empiezan a aparecen en el nártex a lo largo de los cuatro domingos de Advierto: primero una vaca, luego una oveja y los pastores”, dijo Sullivan. “María aparece el tercer domingo de Adviento y en Nochebuena colocan a Jesús en el pesebre”.

Una de las cosas geniales es que “los nacimientos, tanto el de pared como el que estará en el altar, forman parte también de la experiencia de los niños de la escuela durante todo el año”, agregó.

“Es de alguna importancia vivir a lo largo del año con la imagen de Jesús como un niño, que equilibra nuestra tendencia a hacer de Jesús tan sólo un ser divino… Para mí ver a Jesús como un bebé me recuerda la humanidad; me recuerda la vulnerabilidad, de lo que significa ser dependiente de la madre y el padre y, en consecuencia, diría que para nuestros feligreses tener a la vista esas imágenes de Jesús a través del año es algo muy convincente para nosotros”.

El nacimiento como hospitalidad en Newport, Rhode Island
Un nacimiento italiano de yeso del siglo XVII, donado como un homenaje en 1914 a la iglesia Zabriskie Memorial de San Juan Evangelista [St. John the Evangelist] en Newport, Rhode Island, se está convirtiendo en el emblema de la hospitalidad para la parroquia de estilo gótico inglés, según dijo el vicario, Rdo. Nathan J.A. Humphrey.

Una postal del nacimiento de la iglesia Zabriskie Memorial de San Juan Evangelista, en Newport, Rhode Island. Foto de Nathan J.A. Humphrey.

Una postal del nacimiento de la iglesia Zabriskie Memorial de San Juan Evangelista, en Newport, Rhode Island. Foto de Nathan J.A. Humphrey.

El nacimiento, donado en memoria de una muchacha que murió mientras viajaba por Italia, “incluye figuras humanas y de animales del siglo XVII provenientes de todas partes de Europa”.

El nacimiento está protegido por un estuche de madera de talla muy elaborada, de siete pies de alto, que muestra a la Virgen y al Niño con ángeles a ambos lados de su exterior. Tradicionalmente, sólo se abría en Nochebuena y luego se cerraba en la Epifanía, explicó el vicario.

“Le quitamos la tapa delantera y le bajamos el vidrio y, tradicionalmente se escoge a un niño de la congregación para que lleve al niño Jesús y lo coloque en el pesebre”, dijo Humphrey.

Y añadió, riéndose por lo bajo, una anécdota de algo ocurrido hace algunos años, cuando al preguntarle a un niño, que había sido escogido para llevar al niño Jesús, qué había hecho con el bebé. “Respondió, ‘el niño Jesús se enfrió y me lo puse en el bolsillo para calentarlo’”.

La iglesia está abierta diariamente para los visitantes y este año decidieron dejar abierto el nacimiento también como un gesto de hospitalidad para los visitantes del pueblo, que es un sitio de vacaciones, le dijo Humphrey a ENS.

“He visto a familias con niños que entran y lo miran”, agregó Humphrey. “No es inusual tampoco que un a niño que se ponga un poco inquieto en la iglesia lo lleve un padre o un amigo a pasar algunos minutos mirando el nacimiento.

“Es una presencia muy atractiva para niños y adultos por igual, pero nos gusta particularmente por la conexión que tiene con los niños”.

Las figuras cuentan la historia en St. Louis Park, Minnesota
Por confesión propia, la fascinación de Mary Kulfeld con el nacimiento se acerca a la obsesión.

Coleccionista durante más de 20 años, ha donado su nacimiento —junto con unas 245 figuras de resina de Fontanini— a su iglesia, San Jorge [St. George’s] en St. Louis Park, Minnesota.

Las figuras, de cinco pulgadas de alto, hechas de resina “son increíblemente detalladas. Parecen como talladas en madera”, dijo Kulfeld en una reciente entrevista telefónica con ENS.

Primero, ella compró la sagrada familia: María, José, el niño Jesús y un ángel. Un año después, añadió los pastores y las ovejas; el tercer año, los tres reyes magos. Según pasaba el tiempo, le fue dando alas a su imaginación y añadiendo tenderos verdes, un herrero, un carpintero, una panadería, una posada y un posadero.

Ahora hay músicos callejeros y palmas, una vinatería. En la medida en que las figuras y los edificios se iban acumulando, así también aumentaban las historias que los acompañaban.

“Hay un gaitero, por ejemplo, que sostiene la gaita en la mano. Una mujer muy atractiva se dirige al pozo con un yugo y dos cubos. Yo lo coloco a él de manera que se quede mirándola”, dice Kulfeld.

A un pastor que duerme lo han puesto encima de un tejado “y le puse una bota de vino al lado, para significar que se embriagó”.

Respecto al niño y la niña que recogen olivas, “ella tiene la mano tendida. Yo tengo una mula pintada y la mano [de la niña] va a dar exactamente en el hocico de la mula, de manera que parece como si ella le estuviera acariciando el hocico. Luego hay una niña que está vendiendo hierbas y flores perfumadas y parece como si fuera ciega. Está mirando hacia arriba con una expresión en el rostro como si no pudiera ver. Este año, compré una niña que sostiene una bandeja y la sentamos junto a la niña ciega, para que sean amigas”.

Unas dos docenas de ángeles ornamentales, tocando harpas, laúdes y trompetas están suspendidos encima del nacimiento con hilo de pescar.

“Voy a la iglesia esta semana a poner a María y José en el establo”, dijo Kulfeld, de 70 años. “En Nochebuena ponemos el bebé en el pesebre; y tenemos los tres reyes que acaban de entrar en Belén en una mesa separada y las otras figuras se dan vuelta y se les quedan mirando asombradas cuando ellos entran”.

Todo el elaborado escenario se desmonta en Epifanía, pero no antes de que Kulfeld lo utilice para contarles a los niños la historia de la Navidad, dice ella.

“Hice una presentación el domingo pasado en la capilla de los niños. Se reunieron en torno a mí y me pidieron que les contara la historia de San Francisco. Él fue el primero que hizo un nacimiento y comenzó la tradición, valiéndose de vecinos de su pueblo para que representaran los papeles. Todo salió de allí.

A los niños les encanta mirar el nacimiento y a Kulfeld les encanta explicárselos. Al igual que los ángeles, “yo les expliqué que necesitaba una multitud de los ejércitos celestiales y busqué dos docenas. Creo que 24 pueden ser muy bien una multitud”.

Para Kulfeld, las tradiciones que rodean la exhibición puede que no sean históricamente ciertas ciento por ciento, pero “es parte tan entrañable de la Navidad que me encanta observarla con esta hermosa representación”.

Incluso a sus mascotas les gusta. Anteriormente, cuando ponía el nacimiento en la casa, “tenía un gato que solía robarse al niño Jesús”, cuenta ella. “No sé por qué, pero él no tocaba ninguna de las otras piezas, sólo a Jesús. Tenía que salir a buscarlo y encontrar a Jesús en cualquier lugar de la casa donde él lo había dejado”.

Al principio, las figuras costaban unos $6 cada una; ahora el precio oscina entre $15 y $20 y, en el momento en que ella está convencida de que ha comprado lo suficiente, descubre otra nueva.

“Acabo de conseguir una vinatería. Es un edificito muy lindo con vides”, explicó. “Todas están hechas de resina, y hay detalles sorprendentes. Las pintan para que parezca madera barnizada… Me encanta hacer la historia. Sencillamente me encanta hablar de esto”.

–La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service. Ella radica en Los Ángeles. Traducción de Vicente Echeri.


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