Un viajero encuentra que los cristianos coptos aman a sus prójimos pese a los ataques que han sufrido

Por Sharon Sheridan
Posted Dec 2, 2013
Gavin Rogers comparte unos tragos con vecinos de “la ciudad de la basura” o la comunidad Zabaleen. Su guía, Wael Fahim, de camisa blanca, aparece sentado a la extrema izquierda. Foto de Matthew Aragonés.

Gavin Rogers comparte unos tragos con vecinos de “la ciudad de la basura” o la comunidad Zabaleen. Su guía, Wael Fahim, de camisa blanca, aparece sentado a la extrema izquierda. Foto de Matthew Aragonés.

 [Episcopal News Service] Por lo general, el oír que hay disturbios en un país no inspira a la gente a viajar allí. Pero cuando el Rdo. Gavin Roger se enteró de que docenas de iglesias cristianas estaban siendo incendiadas en Egipto, después de las protestas que provocó el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi, su respuesta fue: “tengo que ir”.

Rogers, ministro de la iglesia de Cristo y ministro para las misiones, los jóvenes y las familias jóvenes en la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s Episcopal Church] en Kerrville, Texas, realizó recientemente dos viajes a Egipto para reunirse con la comunidad cristiana afectada y ver por sí mismo lo que estaba sucediendo. Estas fueron visitas con un propósito, aunque sin un itinerario.

“La gente dice ‘¿qué vas a hacer?’” mientras estés allí, dijo Rogers. “Bueno, realmente nada. Todo lo que hacemos es compartir la solidaridad. Sólo recordarnos mutuamente que ‘no están solos’”.

Rogers viajó a Egipto del 15 al 20 de septiembre y de nuevo del 2 al 15 de octubre. Pero, de algún modo, el viaje comenzó realmente cuando emprendió una peregrinación a Egipto en 2006 luego de estudiar cristianismo alejandrino mientras hacía su maestría en la Escuela de Teología de Duke, en Durham, Carolina del Norte. Se enteró de algunas de las “cosas radicales” que hacían los monjes en los monasterios del desierto para guardar la Cuaresma, tales como meterse en una cueva, ponerse una piedra en la boca y mantenerse en silencio. Una vez de regreso a su casa, una pregunta le había estado rondando la cabeza: ¿qué podía hacer él en Cuaresma que realmente lo “llevara a una situación límite”?

Se había graduado de Duke. Consiguió un empleo como líder de jóvenes y misiones en una iglesia bautista de San Antonio, Texas, que dirigía un centro comunitario en el centro de la ciudad. Y, en 2012, tuvo una inspiración: pasaría una Cuaresma sin hogar, viviendo como algunos de los “vecinos desamparados” a los que el centro les prestaba servicios.

“Fue una aventura sorprendente. En verdad llegué a sentirme cerca de algunos de mis prójimos”, contó él. “Todos ellos con diferentes experiencias vitales”.

Comenzó por dormir en un albergue municipal al aire libre, luego en lugares tales como edificios y furgonetas abandonados. “No le dije a nadie que yo era pastor”, dijo Rogers, que está ahora en el proceso de discernimiento en la Iglesia Episcopal. “En los 48 días que estuve en las calles nadie me preguntó por qué yo me encontraba sin hogar… Simplemente vivía entre ellos, quería ser parte de su ambiente, ser tratado de la misma manera que ellos”.

“Aprendí que todos tenemos una humanidad común y que en verdad la razón por la que a veces no reconocemos a los desamparados o a nuestros prójimos sin hogar es porque tememos resultar vulnerables”.

Durante los días que pasó sin casa, conoció a la Rda. Lorenza Andrade Smith, ministra de la Iglesia Metodista Unida, que estaba dedicando tres años a “vivir bajo las estrellas” como una persona sin hogar. “Ella no tiene dinero, no tiene agenda… Todos los días, hace sólo lo que ellos hacen, y se ocupa de ellos y ellos la cuidan. No es algo unilateral, como tantos de nuestros viajes misioneros”.

Los dos se hicieron amigos. Luego, en agosto de 2013, Rogers estaba trabajando en Camp Capers, un centro de conferencias de la Diócesis Episcopal de Texas Occidental, cuando vio un informe de CNN sobre las iglesias que estaban quemando durante el estallido de violencia en Egipto. “Me afectó por una razón”, dijo él. “Yo había estado allí”.

“Tres minutos después de haber empezado a leer el artículo, llamé a Lorenza… y le dije: ‘tenemos que irnos a Egipto’”.

Un mes más tarde, estaban en camino. “Aterrizamos y durante esa semana estuvimos a merced de las personas con que nos encontrábamos, intentando entrar en las ciudades y comunidades que fueron afectadas por estas tragedias, por estas iglesias que estaban quemando. Queríamos hablar con los sacerdotes o las hermanas o los ministros coptos que se veían afectados por todo esto. Todo lo que oíamos en la prensa era sobre lo mal que estaban”.

Les tomó cuatro días convencer a alguien que los llevara en auto a Minya, una zona a unas cuatro horas al sur del Cairo donde se decía que había ocurrido la mayoría de los ataques. Una vez allí, “todo lo que pudimos hacer fue tomar fotos”, dijo Rogers.

“Durante los dos primeros días de nuestro viaje, Lorenza y yo nos limitamos a conocer a taxistas y personas de la localidad y a escuchar sus historias y su opinión sobre todo”. Encontraron a un chofer llamado Muhammed que estuvo dispuesto a llevarlos a un monasterio copto que se había librado del ataque, pero no a los sitios de las iglesias quemadas. “Él nos dijo, ‘vuestra vida y la mía y la vida de mi familia son más importantes que el que ustedes lleguen a Minya’”.

Durante el trayecto, habló de su vida como musulmán. “Para nosotros, él era un musulmán muy moderado”, dijo Rogers. “Nos pareció muy genuino y muy preocupado por lo que respecta a su país”. Se refería a los cristianos y a los musulmanes, particularmente en Egipto, como parientes cercanos —hermanos o primos.

Si bien usábamos la palabra “copto” para significar cristiano en Egipto, dijo Rogers, el término originalmente significaba simplemente egipcio. En Egipto, “muchísimas personas tienen un sentido de unidad y de orgullo entre las dos fes”, agregó. “Eso me enseñó muchísimo. Incluso en las graves diferencias que probablemente son de vida y muerte para muchas personas, ¿cómo puede uno vivir con el otro o con tu enemigo o con el vecino que no te gusta o con quien no estás de acuerdo? En Egipto, logras ver el lado más hermoso de eso, porque a veces lo hacen bien. Pero también ves el lado violento de esa decisión”.

“Eso es algo que aprendí: muchísimas personas optan por amar a sus prójimos”, dijo, añadiendo que le gustaría cuestionar la noción dictada por la prensa y por los extremistas de que tal amor es imposible. “Querría creer que es posible. Cristo dijo que era posible”.

En el monasterio de Wadi Natrum, ellos vieron esto en acción, mientras su chofer y uno de los monjes compartían el té. Observando como los dos discutían problemas de fe, podían verles asentir con la cabeza, y luego disentir, pero ellos lo dejaban pasar”.

Muhammed y el monje terminaron su té, se abrazaron y posaron juntos para los fotógrafos. : ¿Qué podría lograrse bebiendo más té?, musitó Rogers.

 De izquierda a derecha, la madre superiora del convento e iglesia católica del Buen Pastor, en Suez; el guía Wael Fahim y Gavin Rogers supervisando los daños después que el Buen Pastor fuera atacado y quemado durante un brote de violencia en agosto pasado. Foto de Matthew Aragonés.

De izquierda a derecha, la madre superiora del convento e iglesia católica del Buen Pastor, en Suez; el guía Wael Fahim y Gavin Rogers supervisando los daños después que el Buen Pastor fuera atacado y quemado durante un brote de violencia en agosto pasado. Foto de Matthew Aragonés.

Finalmente, hacía el final de su viaje, conocieron a Wael Fahim, un guía de turismo que se encontraba desempleado y que los llevó a Minya, donde fotografiaron algunos de los edificios afectados. Luego Rogers se fue a Texas, para hablar en un evento ya concertado, prometiendo regresar a Egipto tan pronto pudiera.

De regreso a Egipto

La oportunidad se le presentó más pronto de lo que él esperaba. Al final de su plática [en Texas], una mujer se le acercó y le dijo: “Auspiciaré su próximo viaje”.

Fue así que Rogers regresó a Egipto por dos semanas, esta vez acompañado de Matthew Aragonés, estudiante de cuarto año en la Universidad (católica) de San Eduardo [St. Edward’s (Roman Catholic) University] en Austin, a quien él había conocido durante su ministerio con los jóvenes. Rogers se reconectó con Fahim, quien los guió durante su viaje. Esta vez, “vimos todo”.

Gavin Rogers se reunió con el papa copto Tawadros II durante su segunda visita a Egipto. Foto de Matthew Aragonés.

Gavin Rogers se reunió con el papa copto Tawadros II durante su segunda visita a Egipto. Foto de Matthew Aragonés.

Eso incluyó una reunión de 15 minutos con el papa copto.

El papa copto Tawadros II les dio una cruz que dice en árabe: “El amor nunca falla”. Y él le pidió que los cristianos estadounidenses continúen orando por él y por la Iglesia, que no se olviden de lo que ha sucedido y que amen a las personas que tienen en su entorno, dijo Rogers. “¿Cómo ayudan a Egipto? Él en esencia dijo: ‘amen a su prójimo’”.

Rogers y Aragonés visitaron cuatro comunidades eclesiásticas, hablaron con monjes, sacerdotes y monjas cuyos edificios fueron atacados. Viajaron dos veces a Suez, una zona muy afectada por los ataques de la Hermandad Musulmana a las iglesias. Visitaron iglesias, un convento y un monasterio latino, “todos ellos quemados y destruidos”.

“Logré hablar con las hermanas [del convento] que estaban allí ese día cuando esto sucedió…cómo tuvieron que rescatar a los niños de la escuela”, contó Rogers. Sin embargo, mientras hablaba con ellas, fue como si estuvieran haciendo un recorrido por un edificio nuevo, explicó él. Yo estaba algo lloroso, y ellas estaban sonriendo y riéndose porque se sentían jubilosas”.

Las monjas se dieron cuenta de que, aunque sus atacantes pudieran intimidarlas, no tenían que imponerles su respuesta. “Ver eso fue completamente inspirador”.

Las monjas le dieron algunas páginas de un libro de oración y otros objetos quemados como recuerdos. “Cuando los miro, no veo el pesar. Veo la esperanza, veo la alegría y la confianza y la manera de actuar motivada por el amor. Resultó fascinante”.

Secciones de un libro de oración y de una estampa de las iglesias quemadas en Suez. Foto Gavin Rogers.

Secciones de un libro de oración y de una estampa de las iglesias quemadas en Suez. Foto Gavin Rogers.

En Suez, visitaron también la iglesia anglicana del Buen Pastor. “Fue la única iglesia que no quemaron”, explicó Rogers. Aunque fue atacada, fue la única iglesia sin tanques que la protegieran. “Ese sacerdote anglicano le pidió al Ejército que no la protegiera con tanques. La Hermandad Musulmana buscó los sitios que contaban con protección del Ejército y los incendió”.

Al final, Rogers cree haber tenido éxito en encontrar testimonios de esperanza y de amor, y de compartir solidaridad con los cristianos de Egipto. “Tal como dijo el papa [copto], el amor nunca falla. A veces es tan sencillo como ir allí y dar una vuelta. Partimos juntos el pan, nos dieron de beber y nos asomamos a su vida, y resultó sorprendente [comprobar] cuánto júbilo derivaron de esta [experiencia].

– Sharon Sheridan es corresponsal de Episcopal News Service. Traducción de Vicente Echerri.


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