Los episcopales de la zona de Boston se reúnen para orar y para consolar a sus vecinos

Por Mary Frances Schjonberg
Posted Apr 26, 2013
Annie Packard, de 13 años, canta durante la eucaristía de la iglesia episcopal de La Trinidad en Copley Square, en el Templo Israel, que invitó a la congregación a usar su santuario el 12 de abril en Boston. La Trinidad se encontraba dentro de la zona bloqueada  cerca de la meta de la maratón de Boston, donde explotaron dos bombas el 15 de abril al final de la carrera. Packard estaba en las gradas cuando explotó la primera bomba y corrió en dirección a la segunda bomba, que explotó diez segundos después. Foto de Julio Cortez para la AP.

Annie Packard, de 13 años, canta durante la eucaristía de la iglesia episcopal de La Trinidad en Copley Square, en el Templo Israel, que invitó a la congregación a usar su santuario el 12 de abril en Boston. La Trinidad se encontraba dentro de la zona bloqueada cerca de la meta de la maratón de Boston, donde explotaron dos bombas el 15 de abril al final de la carrera. Packard estaba en las gradas cuando explotó la primera bomba y corrió en dirección a la segunda bomba, que explotó diez segundos después. Foto de Julio Cortez para la AP.

[Episcopal News Service] Puede que todos no hayan podido llegar a sus iglesias, pero horas después de que el segundo de los dos sospechosos de los atentados de la Maratón de Boston fuera capturado el 19 de abril, los episcopales de la zona de Boston seguían dándose mutuas muestras de apoyo y ofreciéndoles solidaridad a sus vecinos.

La policía capturó a Dzhokhar Tsarnaev, de 19 años, mientras se encontraba escondido en un bote estacionado en un traspatio a sólo unas pocas cuadras de la iglesia del Buen Pastor [Church of the Good Shepherd] en Watertown, Massachusetts. Se encontraba débil debido a una herida de bala luego de huir a pie de un encuentro a tiros con la policía en que se hicieron unos 200 disparos.

La Rda. Amy McCreath, sacerdote encargada del Buen Pastor, le envió un correo electrónico a su congregación poco después de la captura, en el que llamaba a ésta “un gran regalo”.

“La junta parroquial se reunió mediante una llamada en conferencia mientras tenían lugar los sucesos de anoche, para orar por todos ustedes, por sus hijos y especialmente por nuestros vecinos de la calle Franklin”, escribió ella.

La iglesia del Buen Pastor permaneció abierta el 20 de abril para “oración y compañía” y Angelita Caceda fue uno de los miembros que vino a la iglesia al día siguiente de que tuviera lugar en su barrio el drama que era seguido internacionalmente. La noche antes, ella se había mantenido en el piso de su casa mientras la brillante luz de un helicóptero de la policía iluminaba la habitación.

“Cuando vi que era la calle Franklin, me dije ‘eso es por donde yo acostumbro a caminar. Veo ese bote constantemente’”, contó ella en la página web de Salem Patch.

McCreath dijo que la gente entraba en la iglesia y soltaban sus experiencias del día anterior. “Lo tenían dentro y necesitaban compartirlo”.

Esa noche, alrededor de 300 personas se reunieron en el Campo de la Victoria [Victory Field] de Watertown para una vigilia en memoria de las víctimas de los atentados de la Maratón.

“Ésta es una manera en que el ciudadano común puede realmente dar gracias a todos los que cuidan de nosotros”, dijo Mary Labadini —señora de 56 años que se especializa en el cuidado de ancianos y que asistió a la vigilia— en declaraciones al Boston Globe. “Uno no puede darles las gracias a todos individualmente, pero esto muestra que los sentimientos del público están con ellos”.

Los vecinos que acudieron a la vigilia intercambiaban historias sobre las dramáticas acciones de la policía en sus barrios, incluidos los encuentros a tiros y los metódicos registros casa por casa realizados por los equipos de SWAT.

Voluntarios de una filial local de los Veteranos de Guerras Extranjeras entregaban banderas estadounidenses. Los vecinos cantaron espontáneamente el himno nacional y otros cantos patrióticos, recitaron la Jura de la Bandera, y escucharon en silencio mientras McCreath hacia una improvisada oración de acción de gracias.

Thomas Shaw, SSJE [el obispo de] de la Diócesis de Massachusetts, vino al Buen Pastor el 21 de abril “como una señal para nosotros de las oraciones y la solidaridad de la Iglesia denominacional”, dijo McCreath a sus feligreses.

La iglesia contó con la participación de ministros de sanación que oraron con las personas durante la comunión y orientaron la discusión durante la Liturgia de la Palabra para los niños, “para ayudarles a procesar los eventos de la semana y a recobrar la calma y la esperanza”.

El 21 de abril fue el cuarto domingo de Pascua, se conoce como el Domingo del Buen Pastor, porque el evangelio del día es [el pasaje de] Juan 10:22-30, una porción de la historia en que Jesús se llama a sí mismo el buen pastor que da su vida por sus ovejas. Por tanto, es la fiesta patronal de las congregaciones que están bajo la advocación del Buen Pastor.

ens_042213_templeIsrael_spNo todos los episcopales pudieron asistir a sus iglesias para el Domingo del Buen Pastor. La iglesia de La Trinidad de Copley Square, a sólo yardas de donde ocurrieron los atentados cerca de la meta de la maratón, se encontraba todavía inaccesible, debido a que estaba incluida dentro de los límites de la escena del crimen que los investigadores habían establecido. Según un informe, El FBI le permitió a algunos funcionarios de la iglesia que entraran durante media hora el 20 de abril para recoger vestimentas y el pan y el vino para la eucaristía.

La sinagoga Templo Israel abrió sus puertas a la congregación y ésta llenó el santuario que tiene asientos para 900 personas. El rabino Ronne Friedman dijo a CNN que la sinagoga se sentía honrada de acoger a La Trinidad en una hora de necesidad. “Fue hermoso y conmovedor”, “Y fue un recordatorio de los profundos vínculos que existen entre nosotros. Nos recordó a todos que nuestra proximidad no es sólo geográfica.

“Después del trauma de la semana pasada, estamos en una mutua relación de proximidad, espiritual y psicológicamente. Creo que todos sentimos muy profundamente que era un solo Boston”.

El Rdo. Samuel T. Lloyd III, sacerdote a cargo de La Trinidad, oró por aquellos que fueron asesinados “y por los que deben reconstruir sus vidas sin las piernas con las que corrieron y caminaron la semana pasada”, informó Yahoo News.

“Así, pues, ¿dónde está Dios cuando los terroristas hacen su tarea?”, preguntó Lloyd. “Dios está allí, amparándonos y sosteniéndonos. Dios está en el dolor que sufren las víctimas, y en la restauración que seguirá. Dios está con nosotros mientas tratamos de construir un mundo justo, un mundo donde no haya terroristas haciendo su terribles estragos”.

Aún podían verse escombros en las calles cercanas a la iglesia de La Trinidad de Copley Square, seis días después de las bombas que explotaron en la Maratón de Boston. Foto de la iglesia de La Trinidad.

Aún podían verse escombros en las calles cercanas a la iglesia de La Trinidad de Copley Square, seis días después de las bombas que explotaron en la Maratón de Boston. Foto de la iglesia de La Trinidad.

Lloyd estaba entre esos sacerdotes y pastores que compartieron con la revista Time lo que pensaban de predicar el domingo siguiente a esos seis extraordinarios días en Boston. Él escribió que las personas tenían que mencionar lo que los terroristas trataron de hacerles y “mencionar la manera en que ha afectado nuestro espíritu, y luego hablar de todo para lo cual nos congregamos un domingo, para cuidar los unos de los otros, para recordar la gracia y la misericordia en el centro de todo día por día, y la afirmación del llamado a vivir el aquí y el ahora. Todo eso es nuestra respuesta a los empeños de los terroristas de socavar la estructura de nuestras vidas”.

El oficio en la iglesia catedral de San Pablo [Cathedral Church of St. Paul] contigua al Parque Comunal de Boston [Boston Common] incluyó una oración al “Cristo Señor, víctima resucitada,” que “incluso en la cruz pediste el perdón de los que te asesinaron”. La oración en parte pedía a Cristo “recuérdanos de orar por los que nos persiguen. Mantennos fieles a tu justicia y no a la nuestra. Enséñanos a deshacer los ciclos de la violencia y la venganza y danos el valor de actuar conforme a nuestra fe”.

Y, en Londres, el 20 de abril, la Rda. Jacqueline Cameron,  de la Diócesis de Chicago, predicó en el Oficio de Dedicación de la Maratón de Londres, celebrado en la iglesia de Todos los Santos de la Torre [All Hallows by the Tower]. Al día siguiente, Cameron corrió en la Maratón de Londres por segunda vez, y la 14ª. de su participación en maratones en general.

El evento de Londres atrajo mucha atención por tener lugar seis días después de haberse producido el ataque en Boston y, al igual que en Boston, muchos corredores participaron con promesas de apoyo a varias instituciones benéficas.

“El potencial poder restaurador de eventos tales como la Maratón de Londres es al menos tan impactante como el poder de la violencia”, dijo Cameron durante su sermón. “Sí, debemos recordar el dolor. Sí, debemos recordar el sufrimiento y los muertos de los atentados del lunes y de todos los actos de violencia y destrucción que salpican la historia de la humanidad. Pero también debemos aprender a no cargarnos de amargura ni envenenarnos con un deseo de venganza. Y una de las mejores formas de hacer eso es dejar que nuestro dolor nos estimule a realizar actos de valor, de alegría y de compasión”.

—La Rda. Mary Frances Schjonberg es redactora y reportera de Episcopal News Service.

Traducción de Vicente Echerri


Tags