‘Conlleva una comunidad’ … ser un padrino

Por Pat McCaughan
Posted Feb 27, 2012

[Episcopal News Service] Cuando reflexiono sobre lo que contribuye a crear grandes padrinos, pienso en el tutor de un programa de 12 pasos.

“Una de las cosas que le digo a los padres cuando hago los preparativos de un bautizo, es que se trata de algo parecido al de un tutor en un contexto de Alcohólicos Anónimos”, dijo la Rda. Ruth Lawson Kirk, rectora de la iglesia de Cristo [Christiana Hundred] en Wilmington, Delaware.

“Necesita a alguien además que tenga más experiencia en esto que llamamos la fe cristiana. Que estén dispuesto a caminar con ustedes, no en lugar de ustedes, sino a estar presente a ayudarles a lo largo del camino”, dijo ella durante una reciente entrevista telefónica.

La tradición de elegir padrinos se desarrolló a partir del bautismo infantil, posiblemente tan temprano como en el siglo I. Pero el papel [de los padrinos] todavía está sujeto a interpretación.

Para algunas personas significa servir como una especie de tutor espiritual. Para otros conlleva asumir un interés activo en la vida y desarrollo personal de otro individuo. E incluso para otros implica una disposición a intervenir y ocupar el lugar de los padres si se presentara la necesidad, una costumbre que “hace mucho desapareció en la sociedad norteamericana”, dijo Kirk.

“La tradición en la Iglesia Episcopal cuando me bautizaron era que uno necesitaba dos padrinos del mismo sexo, y uno del sexo opuesto. No tengo la menor idea de donde provenía [la costumbre], pero era bastante uniforme”, añadió Kirk, de 50 años.

“La gente me ha preguntado cuántos padrinos se supone que uno tenga, y yo les he contestado con otra pregunta: ¿cuántas personas usted necesita para ayudar a formar a su hijo como cristiano?

“Porque en verdad la formación de una persona conlleva toda una comunidad”, añadió. “Uno no tiene que tener padrinos, pero conservamos esta tradición  porque sabemos cuán importante es hacer cosas en comunidad y relaciones. En eso radica en gran medida el ser episcopal.

Con frecuencia se les pide a miembros de una familia que sirvan de padrinos, una opción que Kirk evitó con su hijo, Matt, porque “uno siempre mantiene relaciones con su familia”.

En lugar de eso ella se lo pidió a Ken Garner y Bob Mikrut, dos hombres que sostienen una relación de pareja y que son feligreses en la iglesia de San Pablo en el barrio de Chestnut Hill en Filadelfia. Kirk sirvió allí como rectora asociada inmediatamente después de egresar del seminario. Ella escogió a Garner y Mikrut porque “yo quería personas que le hicieran manifiesta la fe cristiana a Matt (su hijo)”

“Nos encantó que nos pidieran ser padrinos”, dijo Garner durante una reciente entrevista telefónica desde la casa que él y Mikrut comparten en Filadelfia.

Tan encantados que a Mikrut lo detuvieron por exceso de velocidad cuando se dirigía al hospital poco después del nacimiento de Matthew Kirk, que ahora tiene 19 años y está en segundo año de licenciatura en la Universidad de Temple, el alma mater de Garner.

“Sé que cuento con ellos”, dijo Matthew, refiriéndose a sus padrinos, en una entrevista telefónica reciente desde su dormitorio de estudiante. “Ellos son la familia. Es realmente una relación muy cercana”.

“Ellos responden por mí. Me quieren y se ocupan de mí y siempre han estado muy dispuestos a ayudarme desde el primer día”.

Garner y Mikrut asistieron a la ceremonia del Rito 13  de Matthew, así como a su confirmación y graduaciones, las celebraciones de Navidad, Pascua y Halloween, y a los partidos anuales de béisbol, porque ambos son “fanáticos rabiosos de los Phillies.

“Lo llevamos al juego de los Phillies en su primer cumpleaños. Desde entonces , nosotros y toda la familia Kirk vamos al partido de los Phillies todos los años para celebrar el cumpleaños de Matt”, dijo Garner, de 57 años y director de comunicaciones y mayordomía de la Iglesia del Redentor [Church of the Redeemer], en Bryan Mawr.

“Desde el principio tomamos la decisión de que queríamos ser parte de la vida de Matt tanto como pudiéramos, sabiendo que Ruth era sacerdote y podría estar andando de un sitio a otro sin que pudiéramos estar cerca de ella”, agregó.

Tanto Garner como Mikrut, de 55 años, dijeron que el papel ha sido especialmente significativo porque ellos no tienen hijos propios. “Hemos estado juntos durante 32 años. En la actualidad, le resulta mucho más fácil a las parejas homosexuales tener hijos. Les agradezco a Rick y Ruth que nos hayan proporcionado un poquito de esa [experiencia] al hacernos padrinos y permitirnos participar de la vida de Matt desde el momento en que nació.

“Agradezco tener un pequeño atisbo de lo que esa experiencia significa, ya que no podíamos tenerla por nosotros mismos”.

Lo importante para ella, dijo Ruth Kirk, era saber que Garner y Mikrut “siguen el patrón del año cristiano, sostenidos por la oración y por el testimonio de una vida que también hace esas cosas.

“Para mí, la cualidad fundamental consiste en ser un fiel cristiano, afirmó ella. “Uno busca a alguien que tenga una relación con Jesucristo. Ken y Bob han sido cristianos increíblemente leales y fieles”.

San Diego: Una oración en una cerca

Mindy Steers tenía 30 años, estaba embarazada, sin hogar y consumiendo drogas cuando llamó su atención un aviso junto a una caja en una valla metálica de Ocean Beach, cerca de San Diego, California.

“Decía ‘deje una oración’” recordaba Steers en una reciente entrevista telefónica. Y ella así lo hizo. Cogió uno de las hojas del montón de papeles y escribió: “Sí, necesito una oración. Necesito su ayuda. Necesito un lugar donde vivir. Estoy a punto de tener un bebé”.

Alguien vio su oración y se lo dijo a Drusilla Grubb, que llamó a una amiga, Rhonda Muir, quien a su vez tenía otro amigo, Steve Cooper, que tenía un cuarto disponible. Ellos ayudaron a Steers a mudarse a ese sitio. Un día después de la mudanza, nació Zoe.

Eso sucedió hace cinco años, y Grubb, Muir y Cooper se encuentran entro los cinco padrinos de Zoe, un papel que ellos aceptaron entusiasta y alegremente.

“Zoe vino por primera vez a la iglesia en el oficio infantil de Nochebuena de la iglesia de los Fieles Difuntos [All Souls Church]”, cuando apenas tenía tres semanas de nacida, recordaba Grubb durante una entrevista reciente en su casa de San Diego. “Zoe, por su propia iniciativa, decidió a los tres años de edad que quería ser bautizada”.

Para entonces, todos ellos ya se habían convertido en una auténtica familia, que crecía y aprendía y luchaba entre sí. Presentarlos en la iglesia parecía lo más natural, dijo Muir.

“La recuerdo como una bebé (Zoe)que apena podía levantar la cabeza. Estábamos sentados en la iglesia cuando ella aún no había cumplido un año. Era Martes de Carnaval y ella miraba jugar a los otros niños. Podía ver su deseo de participar. ¿Por qué no habríamos de ayudarles? Aquí estaba esta bebita, aquí estaba esta joven mujer que de alguna manera se encontraba bajo nuestro cuidado. Por supuesto que íbamos a llevarlas a la iglesia”.

Grubb recordaba estar de pie junto a la pila bautismal comprometiéndose a ayudar a criar a Zoe en la Iglesia. “Me importa mucho que los niños se eduquen en la fe cristiana. La fe es un [nexo] entre usted y Dios y llega cuando llega. Pero si no te preparan, ¿cómo sabrías reconocerla?”

“Acepté el papel de madrina como lo define la Iglesia”, agregó. “Pero para entonces habíamos crecido mediante el Espíritu Santo en amor los unos con los otros. Nos habíamos convertido en Abuela Grubb y Abuela Rhonda. Es cosa de Dios”.

Después  de su bautismo, Zoe caminó entre la congregación de la mano del Rdo. Michael Russell, el rector de la iglesia, saludando a “su nueva familia”. Ella ha mantenido esta tradición. “Todavía camina junto al P. Mike  cuando saludan a los recién bautizados”, dijo Muir.

“La parte que más le gustó fue cuando el P. Mike le derramó el agua en la cabeza”, dijo Steers. “A ella le gusta que le den “la galletita” durante la comunión. La llamamos una galletita, pero es la comunión. Y a ella le gusta caminar con el P. Mike para recibir a los recién bautizados en la Iglesia”.

Steers, de 35 años, cuenta en la actualidad con un empleo de ventas de jornada completa, ha alquilado una casa y tiene un auto.

Ella dijo que Grubb y Muir “siempre han estado a mi entera disposición. A esto es a lo que yo llamo una familia. Ellas nos adoptaron a Zoe y a mí y son nuestra familia. No tenía sentido que nadie más fuera sus madrinas”.

Grubb, de 58 años, and Muir, de 57, están de acuerdo. “Hemos hablado con Mynde respecto a esto y, si algo llegara a suceder, estamos preparados para criar a Zoe.

“No sé cómo uno puede cumplir con su deber como madrina [o padrino], llevando un niño a la iglesia y  formándolo en la fe, sin vivirla para ellos”, dijo Muir. “La fe no consiste tan sólo en ir a la iglesia. La fe consiste en cómo vives cada día. Tienes que tener esa relación ajena a cualquier formalidad para cumplir con tus votos bautismales”.

“La gente se aparece a tu vida y Dios te la da y tú la amas”, afirmó Grubb. “¿Qué otra cosa hay?”.

Grandes padrinos engendran grandes padrinos

James R. Dennis le agradece a sus ahijados —y tiene cinco— el haberle devuelto a la iglesia.

Cuando Dennis, abogado, novicio dominico y bloguero, se mudó de El Paso a San Antonio, Texas, en enero de 2004, comenzó a asistir a la iglesia de San Lucas [St. Luke’s], en Alamo Heights, luego de decidir “que debía estar en la iglesia con ellos (sus ahijados).

“Entré por la puerta de la iglesia a la que ellos asistían y al cabo de unos pocos meses estaba enseñando en la Escuela Dominical”, recuerda. “Poco después, era miembro de la junta parroquial y ahora soy un novicio dominico”.

Sus cinco ahijados provienen de tres familias diferentes, con edades que oscilan entre los 4 y los 18 años, y él ha sido amigo de sus padres durante más de dos décadas. Dennis le atribuye a su propia madrina el haberle enseñado la importancia de un gran padrinazgo.

“Creo que funciona como funciona con el amor de Dios mismo”, dijo él en una entrevista telefónica reciente desde su oficina de San Antonio. “Santo Tomás de Aquino dijo que amamos porque nos amaron primero. Aprendemos de las personas que nos mostraron lo que era ser buenos padrinos. Los míos fueron una tía y un primo, pero ellos eran las personas que siempre me apoyaron, y yo creo que es la manera que esto tiene de funcionar.

“Me lo tomo muy en serio, porque ellos se lo toman muy en serio… pero la relación no es  la de un mundo ideal”,  añadió Dennis, que es soltero sin hijos.

“Se trata de lo que ellos necesitan y de lo que uno puede hacer para responder a esa necesidad, si consiste en ser sólo un amigo o alguien que ayuda económicamente o de otras maneras. Lo más importante, se trata de alguien con quien se puede contar cuando surgen los problemas, como siempre surgen para todos nosotros”.

Eso incluye “estar al tanto de cumpleaños y navidades…y de aniversarios de bautizos. Trato de enviarles una nota en los aniversarios de sus bautizos. Tres de ellos participan en el teatro, así que consigo ver montones de obras. Otro tomaba parte en una banda de música. Eso significó que asistí a cantidad de funciones”.

Uno de sus ahijadas, Taylor Allam, de 18 años, llama a Dennis “un padrino fantástico, que nunca se olvida de un cumpleaños o una Navidad”. Él siempre nos invita a la iglesia, al teatro y a otras cosas”.

Ella conserva un “recuerdo icónico” of Dennis. “Cuando mi papá estaba en el hospital y mi mamá no podía venir por mí, él (Dennis) lo hacía”, dijo Allam, cuyo padre ya falleció. “Siempre que lo necesité, podía hablar con él (Dennis) de lo que estaba pasando en mi vida o si necesitaba algo o si tenia problemas en la universidad”.

Por su parte, Dennis dijo que el ser padrino significa “ante todo que ellos están en mi vida regular y en mis oraciones diarias”.

“En segundo lugar, lo veo como siendo alguien de la edad de sus padres y que sencillamente cree que ellos son fenomenales”.

Y prosiguió: “Todo lo que la mayoría de los chicos quieren en este mundo es alguien que piense que ellos valen. Y así uno empieza a entender el papel sacramental de ser padrino al entender primero el papel emocional de serlo. Eso empieza con un afecto profundo y duradero por quien por lo general es un bebito. Porque —y ríe— “para la mayoría de nosotros es muchísimo más fácil amar cuando somos bebitos”.

Reflexionando, añade: “Lo siga usted tomando en serio o no”.

En todos los bautizos “decimos que vamos a ayudar a formar a este niño [o niña]. Al parecer conlleva un compromiso espiritual que no puede desprenderse de un profundo compromiso emocional, que se trata de alguien que me importa”.

—La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service y está radicada en Los Ángeles. Traducido por Vicente Echerri.


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