Regalos que gratifican, durante todo el año

¿Sin ideas para las compras de Navidad de última hora? Hay alternativas

Por Pat McCaughan
Posted Dec 19, 2011

[Episcopal News Service] Falta menos de dos semanas para la Navidad, pero aún sobra tiempo para regalos de última hora que gratifican.

Agencias internacionales sin fines de lucro ofrecen regalos alternativos —desde $3 hasta $300 y no sólo durante las fiestas navideñas— que pueden ayudar a convertir un poco de dinero en un gran cambio.

Un mosquitero tratado con insecticida puede salvar a tres personas de los innecesarios sufrimientos del paludismo, dijo Joy Shigaki, director del Fondo Inspiracional  NetsforLife [Mosquiteros para la Vida] de Ayuda y Desarrollo Episcopales.

“No necesitamos más cosas en nuestras vidas. Nuestros armarios y sótanos ya están repletos”, dijo Shigaki a ENS en un mensaje electrónico reciente. Dar regalos alternativos es una manera elocuente de recordar a los que amamos durante Navidad y de apoyar programas como NetsforLife. Es también una forma adecuada de felicitar a amigos y familiares en cumpleaños, aniversarios, bautizos u otras ocasiones especiales a lo largo de todo el año”.

El Fondo Inspiracional —un empeño popular a nivel de toda la Iglesia de educar, comprometer y unir a los episcopales en apoyo a los objetivos de desarrollo del milenio — se encuentra a medio camino de su meta de recaudar $5 millones para diciembre de 2012. La agencia se propone distribuir 7 millones de mosquiteros para 2013.

Barbara van Gaasbeek, de Irvine, California, quería felicitar a una amiga y, con ese propósito, compró un sorbeto de la vida [LifeStraw] por $20.

El sorbeto de la vida, que se puede obtener a través de Giving Children Hope, es un sorbeto, o pitillo, con un sistema portátil de purificación que filtra las bacterias y virus para hacer potable el agua que pueda estar contaminada. Sean Lawrence, gerente asociado de GCH, dijo que los sorbetos comprados en diciembre se están enviando junto con los despachos a Afganistán y Somalia en lotes de mil unidades.

“Lo lindo del LifeStraw es que su utilidad es muy obvia.  Se trata de un sorbeto o pitillo largo con una tapa que se abre en cada extremo”, dijo Lawrence durante una reciente entrevista desde su oficina en Buena Park, California. “Uno de los extremos entra en la fuente de agua y el otro en la boca. Y no deja pasar el 99,9 por ciento de las bacterias, incluida las que causan el cólera y otras enfermedades. No conlleva ningún montaje, ni limpieza, ni mantenimiento, y alcanza para 1.000 litros; [dura] hasta un año en adultos y dos en niños”, explicó él.

A cambio de la compra de van Gaasbeek, su amiga Mary recibió una tarjeta que describía el regalo. Ambas obtuvieron la satisfacción de llegar a otros y ayudarlos, dijo van Gaasbeek.

“Podemos abrir la llave del agua cuantas veces queramos”, agregó van Gaasbeek durante una entrevista telefónica; pero eso no es verdad en todas partes. Otros tienen que recurrir a aguas sucias portadoras de enfermedades para sobrevivir. A mí me parece tan desequilibrado e injusto que cualquier cosa que podamos hacer para remediarlo, debemos hacerlo”.

Ella no tardó en comprar otros nueve sorbetos y comenzó a venderlos en su iglesia, Santa María [St. Mary’s], en Laguna Beach, como un regalo alternativo de Navidad. En muy poco tiempo vendió 25 y espera hacer más ventas antes de que pasen las fiestas e incluso después.

“Es una manera extraordinaria de felicitar a alguien o de recordar a alguien, porque se trata del regalo de la vida y aquí está en tus manos como un modo sencillo de prevenir enfermedades, bacterias y dolencias provocadas por beber agua contaminada”, dijo. “No puedo imaginar mejor regalo que éste por Navidad”.

Del mismo modo, Erin Tharp, de 28 años y residente de Corona, California, quería hacer un regalo con sentido. Un brote de encefalitis viral la dejó incapaz de hablar y en una silla de ruedas por los últimos 13 años, pero eso no le impidió pedirles a otros miembros de la iglesia episcopal de San Juan Bautista [St. John the Baptist], of Corona, California, a que asumieran como reto de Adviento la compra de 100 sillas de ruedas a la Misión Silla de Ruedas Gratis [Free Wheelchair Mission].

Pero primero, Tharp compró 10.

La silla “no es cara para nuestros estándares, pero podría muy bien costar un millón de dólares para las personas que las necesitan. Puesto en los términos más simples, $60 es una fortuna para ellos”, dijo Tharp en un sermón que escribió letra a letra  valiéndose de un iPad especial y que otra persona le leyó a la congregación. En último término, la congregación sobrepasó su meta, recaudando dinero suficiente para comprar por lo menos 120 sillas de ruedas, según contara el Muy Rdo. John Saville, rector de la parroquia.

Mike Kenyon, pastor de desarrollo eclesial para Free Wheelchair Mission, dijo que la organización con sede en Irvine ya ha entregado 500.000 sillas de ruedas como parte de su objetivo de distribuir 20 millones en todo el mundo.

Hechas de sillas de jardín plásticas, ruedas de bicicleta y otras piezas reciclables, la silla de rueda tiene un costo de fabricación de $63,94 y fue diseñada para usarla sobre un terreno accidentado. El ingeniero mecánico Don Schoendorfer inventó la silla después de un viaje a Marruecos, donde vio a una mujer inválida que se esforzaba en arrastrarse por una carretera, apenas evadiendo el tránsito, contó Kenyon. La compañía se estableció en 2001.

“Gracias a mi silla de ruedas, tengo muchísimas oportunidades”, escribió Tharp en su sermón. “Las personas a quienes Free Wheelchair Mission ayudan no aspiran a tomar vacaciones ni a vivir lujosamente, sólo quiere poder cruzar con seguridad una calle o ir a comprar sus víveres”.

La iglesia de la Gracia [Grace Church], en Hastings on Hudson, Nueva York, celebró una feria de regalos alternativos el fin de semana antes del Día de Acción de Gracias, pero ofrece regalos a lo largo de todo el año a través de organizaciones sin fines de lucro, tales como Alternative Gifts International y SERVV que venden artículos de comercio justo hechos a mano en toda una variedad de precios, según explicó la rectora, Rda. Anna Pearson.

“Tenemos opciones locales también”, dijo Pearson desde su oficina durante una reciente entrevista telefónica. “Con el descenso económico, creemos que es importante darles a las personas la oportunidad de hacer regalos tanto internacionales como muy locales”.

Así, pues, $10 compraban un pavo con todas las guarniciones para una familia a través de la despensa de beneficencia de la localidad. “Un cumpleaños en una caja”, para un niño que de otro modo no habría tenido ninguna celebración y que incluía un pastel y todos los adornos además de un pequeño regalo, se vendió por $25.

Los artículos domésticos y para niños fueron los que más se vendieron. “A todo el mundo le encanta comprar un conejito o una cabra”, a través del Programa de Animales y Agricultura para la Vida de Ayuda y Desarrollo Episcopales, dijo Pearson. Entre otras opciones de regalos se incluyen más de 30 agencias que ofrecen, por ejemplo, asesoría legal para trabajadores migrantes y preservación ambiental del río Hudson.

La Iglesia hace un esfuerzo especial para incluir algo para todo el mundo, tal como “un par de artículos caros, aunque en su mayoría tratamos de mantener los regalos a un precio razonable y al alcance de personas de todas las edades, orígenes y tipos de presupuestos”, siguió diciendo Pearson.

El precio de un artículo caro fue de aproximadamente $330, para una cisterna de agua potable, disponible para un proyecto en Kenia, por ejemplo. La feria de dos días produjo un ingreso neto de más de $25.000, compartido entre las organizaciones que participaron.

“La iglesia no saca ninguna ganancia de la feria. En verdad, sentimos el llamado a hacer esto como congregación”, explicó Pearson “Creemos que es una manera de mostrarnos solidarios con algunos de nuestros hermanos y hermanas en Cristo que se enfrentan a dificultades”.

“Nos esforzamos mucho para tener una buena representación de diferentes temas, de manera que uno pueda encontrar definitivamente algo que lo relacionará con una parte de la vida de alguien que uno ama”, añadió.

“Es muy importante para nuestra congregación hacer esto, abundó Pearson. No sólo crear un enorme sentimiento de buena voluntad comunitaria, también “es acorde con el mandato del evangelio de alimentar al hambriento y vestir al desnudo y del deseo de Jesús de que nosotros lo hiciéramos. No es sólo porque ayuda a las personas que reciben los regalos, sino porque también nos ayuda a nosotros. Nos ayuda el dar regalos con sentido, sabiendo que no van a tirarlos y que afectarán positivamente la vida de las personas más allá de quien da el regalo y de quien lo recibe”.

En la iglesia de San Lucas [St. Luke’s] en Durham, Carolina del Norte, por una donación tan modesta como $3, los dadores de regalos podrían colaborar con el empeño de la Cruz Roja Americana de erradicar el sarampión, que mata unas 164.000 personas al año, principalmente niños, en los países en desarrollo. A cambio, los dadores recibieron una pluma y un arco para dárselos a aquellos a quienes desearan felicitar.

Jean Willard, directora de voluntarios jubilada, que organizó la feria alternativa de San Lucas el 11 de diciembre, dijo que ella toma en consideración toda una serie de asuntos cuando  invita a las agencias internacionales y locales a participar en el evento anual.

“Siempre tratamos de hacer algo en lo que respecta a la educación, concentrándonos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y ponemos un marcado énfasis en la salud así como en la vivienda y en los ministerios urbanos” comentó en una reciente entrevista telefónica desde su casa.

Por ejemplo, $50 compraba una cuna portátil para familias de bajos ingresos a través de un programa local de Cribs for Kids [Cunas para niños]. Las familias que no podían comprar cunas estaban durmiendo con sus hijos y la incidencia del síndrome de la muerte infantil súbita o SMIS  era mayor que en otras poblaciones, abundó ella.

De nuevo el programa NetsforLife de Ayuda y Desarrollo Episcopales fue un artículo que se vendió bien; otras ofertas incluían el programa Escuela para Niñas en Kenia de WISER , así como ayudas a familias de niños sometidos a trasplantes de médula ósea en un hospital local y el programa Crayons to Calculator, que facilita materiales escolares a los maestros en distritos de bajos ingresos.

En $11,000 aún sin terminar el conteo, Willard dijo que las recaudaciones provenientes de la feria “aumentaron de manera espectacular” este año a pesar del descenso económico.

Ella está totalmente convencida de que “los que tienen” necesitan compartir con aquellos a los que “no les va tan bien. Es una manera de brindarles oportunidades a personas que podrían no entrar en Internet y donar, y esto les da un rostro. Es un mercado en un nivel más personal para ayudar a abordar estas necesidades y a pensar más conscientemente en esta manera de hacer regalos durante las fiestas”.

Y después.

Las ferias de regalos alternativos “son un concepto que me gustaría ver expandido”, dijo ella. “Es muy fácil montar una: unos cuantos correos electrónicos y unas cuantas llamadas telefónicas. Las organizaciones sin fines de lucro están ahí, a la espera de una oportunidad, y es bastante fácil para otras iglesias el hacerse partícipes.

—La Rda. Pat McCaughan es corresponsal de Episcopal News Service y está radicada en Los Ángeles. Traducido por Vicente Echerri.


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